Foto: Cortesía
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Turismo por Luz Lancheros | Metro World News,

Hay dos imágenes de la icónica serie “Mad Men” (2007-2014) —aquella que mostraba cómo era la vida de los publicistas de los años 60— que explican muy bien cómo ha cambiado el mundo desde entonces: una en donde Don, el protagonista, se aburre a mares en su pícnic familiar con su linda esposa rubia Betty y sus dos hijos perfectos y otra, la de la escena final, donde luego de darse un viaje por buena parte de Estados Unidos, llega a un campo de yoga y encuentra la paz. Y esa última imagen es la que más representa a una generación que está lejos de ver en el primer ideal de felicidad de afiche su verdadera prioridad en la vida, porque lo está más bien en los viajes, el sunum por excelencia de su experiencia vital. Porque el millennial (y las generaciones que le siguen) ya no quieren casa, pareja y perro, sino solo el perro y un boleto de avión para poder mirar más allá del mundo que tuvieron sus padres.

De hecho, un estudio de Booking (una de las plataformas de reservaciones más importantes del mundo) hizo una encuesta a finales de 2017 con 17.000 personas de 17 países alrededor del mundo que mostraba que el 49% de los encuestados indicaba que el impacto emocional de un viaje era más fuerte que el día de su boda, mientras que el 51% indicaba que esto era mucho mejor que una cita con su pareja. Ni siquiera conseguir un trabajo nuevo o comprometerse o tener un hijo superaban eso.

Además, la ilusión que ocasiona conocer un destino nuevo resultaba más perdurable para el 70% de los encuestados que cualquier cosa material. Esto también se ve en hechos más plausibles: un paper de 2014 llamado “Waiting for Merlot”, de los sicólogos Amit Kumar, Thomas Gilovich y Matthew Killingsworth ya revelaba lo que los coolhunters andan explicando desde hace tiempo: que las compras experienciales valían más que las compras materiales para estas nuevas generaciones.

La economía, la crianza, los contextos hicieron que las prioridades cambiaran: hay una generación más preparada, pero más mal paga, con deudas universitarias y también más tendiente a priorizar su presente que su futuro. No quiere comprometerse a largo plazo, ni siquiera con sus finanzas. Tan solo en Gran Bretaña, un estudio de márketing hecho por el instituto GfK mostraba que los millennials gastaban 196 billones de dólares al año en solo viajar y que preferían eso a comprarse una casa. Y ahora hay más facilidades: viajes más baratos, alojamientos menos convencionales (como Airbnb), planes más accesibles. Y eso se busca, la facilidad.

“La motivación es importante dependiendo de las metas que se tengan en la vida y por eso para algunos unas cosas son más importantes que otras. Por eso se ha disminuido mucho la posibilidad del matrimonio y de los hijos, porque generan más gastos a largo plazo. Los hijos son un gasto sumamente alto. Tu miras cuánto vale un tarro de leche y demás gastos y miras si te vale lo mismo que un viaje que te genera placer inmediato. Es una perspectiva sumamente personal y sicológica, pero en una sociedad sumamente consumista si el placer no es inmediato no interesa. Ahora, los viajes generan más felicidad a corto plazo que lo que pueden dar los hijos, que deben nacer con quien debe ser y también muchos no pueden brindarles estabilidad”, explica a Metro Luisa Pardo, sicóloga de la Fundación Areandina.

Las prioridades cambiaron. En todo, porque el mundo lo exige y es mejor acomodarse. “Ahora muchos prefieren tener un doctorado que tener un hijo, porque el mundo te pide un perfil laboral sumamente alto.

No es reprochable, porque las elecciones de las personas en sus ámbitos han cambiado mucho. Una mujer —aunque con riesgo— puede tener todavía hijos a los 40 y ahora puede postergar decisiones como la maternidad en vez de tomar la decisión a los 25, 30 años.

Ahora las nuevas generaciones tienen otras ideas que contravienen a las generaciones anteriores, que por cultura veían apropiado tener hijos y una pareja, estabilidad emocional, económica. Ahora estamos más integrados”, añade la experta.

Pero, ¿viajar es un escape o una experiencia vital única? Según la experta, las dos. “Ahora muchos se endeudan por años, pero tienen experiencias increíbles. Pero otros, para no afrontar decisiones emocionales, viajan para poder escapar. Y eso se ha vuelto más recurrente. Por eso estamos más en redes sociales y vamos más a salidas con amigos. Eso se está disparando, porque no tenemos la suficiente fortaleza sicológica para afrontar lo que nos está pasando”, afirma.

Quizás en este punto vengan todos los clichés de “los millennials son débiles” o “millennials descubren” o “los millennials escapan”. Pero lo cierto es que aparte de las motivaciones emocionales, las historias que contaron las generaciones anteriores hicieron que las nuevas cuenten la suya de la mejor manera en que saben hacerlo: viajando.


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