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La deserción universitaria está muy presente en la sociedad. Es un tema preocupante para las autoridades universitarias, para los padres y madres de familia, preocupante para la sociedad misma que asienta esperanzas en las generaciones jóvenes actuales y futuras. ¿Qué tan frecuentemente reflexionamos sobre lo realistas o imposibles que pueden ser las metas personales para realizarlas?
¿Qué está pasando en Nicaragua que un buen porcentaje de estudiantes universitarios deserta en el primer año o en los primeros años de su licenciatura? ¿Es que todo lo que existe en el mundo ha sido una meta realista de cumplir para sus inventores?
Esa pregunta nos la hacíamos ayer un par de colegas y yo luego de leer un alarmante artículo expuesto en un diario nacional. Comentábamos algunos factores que para nosotras podrían estar siendo los responsables de esa deserción universitaria.
Una de ellas podría ser la poca orientación vocacional para los estudiantes desde la primaria y secundaria. Este factor es clave en este inquietante resultado, pues el asesoramiento y el conocimiento básico acerca de las variedades de carreras universitarias y competencias básicas con que debe contar el individuo para poder iniciar sus estudios de licenciatura son fundamentales al momento de elegir qué estudiar.

Con esto no me refiero a que la responsabilidad única sobre el asesoramiento vocacional debe recaer sobre las y los maestros, pues la mayor responsabilidad sobre el presente, futuro y acierto en las decisiones de los hijos recae nada más y nada menos que en mamá y papá.

Sí señor y señora, nosotros quienes decidimos ser madres y padres en un momento de la vida somos los responsables de guiar a nuestros hijos para ayudarles a ser ciudadanos de bien, personas responsables y con ambiciones que les permitan cambiar sus vidas.
A esto se suma que la metodología tradicional sigue vigente en la educación del país. No es desconocimiento de todos nosotros que en gran parte (si no en todos) los colegios y universidades  del país se continúa utilizando una metodología escolar tradicionalista.

Es decir, aun es necesario asistir cada día a las aulas de clase y tomar un asiento de paleta para recibir toda la información que dice el docente. Cuando estamos viviendo en un siglo de avanzada tecnológica, para mí es inadmisible que las asignaturas universitarias (todas) sean únicamente ofrecidas de manera presencial y dentro de cuatro paredes con vista hacia una pizarra.

Probablemente parecerá utópico o surrealista a las condiciones de Nicaragua, sin embargo, la inversión en educación, libros e infraestructuras escolares nunca será surrealista para un país o estado visionario y progresista.
Además, hay pocas opción para el desarrollo artístico de las y los estudiantes de primaria, secundaria y universidad.
¿Qué es el arte? Partiendo de esta cuestión, entenderla nos abre el campo a desear saber más de todo ese abanico de creatividad, estética, comunicación y posibilidad imaginativa. Si los pensums de nuestros colegios y universidades promovieran el arte en muchas de sus variaciones, probablemente las familias nicaragüenses tendrían que invertir menos dinero en pagar clases extras de idioma, pintura, danza, etc. Siendo realistas, este es un tema que los colegios y universidades podrían al menos poner en sus “asuntos pendientes” para mejorar un poco sus estándares de calidad.
Finalmente, está la formación de las y los docentes. Es necesaria la capacitación y especialización del personal docente de los colegios de primaria y secundaria para una verdadera educación de calidad; así como la correcta remuneración de su labor para poder ejercer esta digna tarea y puedan contemplar su propia formación y especialización.

Por Sheyla Palacios


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