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Estilo de Vida, Tendencias por Metro Internacional,

Estamos a nada de comenzar un nuevo año y con ello viene todo un cúmulo de emociones y sentimientos encontrados que pueden desquiciarnos. Lejos del estrés y la angustia, es importante que respiremos hondo y saquemos todo lo que nos aqueja.

El Año Nuevo es una noche de cierre y renovación, pero que abre 365 oportunidades de aprendizaje y crecimiento (por más cliché que suene).

Decirlo es muy fácil, pero hacerlo es más complejo cuando nos vemos inundados de cuestionamientos personales, familiares y sociales. Aunque es una época de fiesta y regocijo, es innevitable pensar en lo que hicimos, lo que queremos hacer y claro, todo lo que no hicimos, ¿se entiende? Por ello, la noche y los días antes de ésta, puede convertirse en días depresivos, llenos de ansiedad y malestar existencial. Es hora de detenerse y cambiar de actitud.

Haz el balance de lo bueno y malo

Lo dijo Mecano en la canción “Un Año Más”, y tiene toda la razón. Quizá tuviste un año muy complicado, lleno de líos y callejones sin salida, pero seguro que tienes un sin fin de cosas buenas que te pasaron. Y aunque no hayan sido muchas, piensa que esa única cosa que te pasó bien, la disfrutaste como si fueran mil. No todo es blanco en la vida, pero tampoco negro. ¿Te graduaste de la universidad?¿Conseguiste un trabajo nuevo? ¡Felicidades! No todos tienen esas oportunidades. Quizá tuviste la oportunidad de visitar a un amigo que no veías desde hace mucho, o conociste un lugar nuevo que te sacó una sonrisa. Recuerda, hay cosas que a simple vista parecen pequeñas pero que si recuerdas la emoción que te hicieron sentir, se convierten en algo muy grande.

Haz una lista de tus logros

Esto viene con el punto anterior. Aunque parezca tonto, hacer una lista que te recuerde tus logros del año, hará que veas que tienes toda la capacidad para lograr lo que te propongas, da igual si tienes o no, un trofeo o una medalla por ello. Escríbela para que la tengas tangible y pégala en un lugar que siempre veas. Puede ser una lista con fotos, cartas o todo aquello que te haga sentir bien. Tenla a la mano durante la cena, y antes de que den las doce campanadas, leela para tí, con una sonrisa.

Limpia los rencores

¿Te peleaste con alguien? Es momento de dialogar y aclarar conflictos (aplica para amistades, relaciones o familia). Los resentimientos no son buenos para la salud; abruman, cansan y pueden traerte consecuencias físicas graves. No tienes que caerle bien a todo el mundo cuando den las doce campanadas, pero dejar ir aquellas espinas que te hicieron refunfuñar y que te revolvieron el estómago, es lo mejor que puedes hacer para empezar el año con una sonrisa. Si esa persona con la que estás mal se encuentra sentado en la mesa durante la cena, evita recibir el año con dramas, miradas y actitudes odiosas (es de mal augurio, dicen). Recuerda, “el perdón es algo curioso; calienta el corazón y enfría la picadura”.

Lo pasado, pisado

Recuerdo muy bien aquella frase en el Rey León, que el viejo Rafiki le dijo a Simba cuando este se encontraba perdido: “El pasado puede doler, pero según lo veo puedes huir de él o aprender”, ¡cuánta verdad! No te aferres al pasado, lo que haya ocurrido ya fue. Deja de pensar en lo malo que te pasó y mejor aprende de ello y enfócate en lo que viene para no repetir errores. Además, debes dejar de preocuparte por lo que ya pasó, pero tampoco te angusties por la incertidumbre del futuro. Dice un proverbio oriental:Si tienes un problema que no tiene solución, ¿para qué te preocupas? Y si tiene solución, ¿para qué te preocupas?

Deja de buscar la aprobación de los demás

Al igual que en Navidad, la cena de Año Nuevo se presta para conversaciones y preguntas incómodas y seguro tú serás blanco de todos en algún punto de la noche. ¡Qué más da si para el 1 de enero no tienes trabajo, o anillo de compromiso, o tu tìtulo universitario impreso! Nadie tiene por qué juzgarte. Lo peor es cuando tú sola caes en sabotajes. De acuerdo, hay cuestiones que inevitablemente nos preocupan durante el año, y que sin duda es algo que no podemos ignorar empezando el año, pero ¿es necesario estarle dando vueltas a eso, segundos antes de las doce campanadas?. Deja de procuparte porque recibiste el año sin pareja, o porque no sabes qué harás con tu vida en general y actúa. Evalúa qué hiciste o qué no durante el año y decreta conseguirlo, empezando el año.

Decide con quién quieres celebrar

Las festividades decembrinas dejaron de ser sobre estar entre mamá, papá y todos los tíos y hermanos. Estamos en ese punto donde la vida ha tenido giros de 180ª, y las parejas y la ausencia de familares, han cambiado la logística de los festejos. Muchos de esos eventos son situaciones difíciles, pero a diferencia de Navidad, el Año Nuevo se presta más para pasar la noche fuera de casa, en alguna fiesta con amigos, o en una ciudad diferente. Esto sin duda, puede evitar que te sientas incómoda y que caigas en conversaciones y “consejos” incómodos sobre lo que harás (o debes hacer) el año nuevo que inicia.


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por Redacción Web