Hasta el día de hoy, las remesas familiares que envían miles de nicaragüenses del exterior han estado exentas del pago por renta de capital, tal como lo establece el numeral 7, de la actual ley de concertación tributaria vigente. Archivo/Metro
Hasta el día de hoy, las remesas familiares que envían miles de nicaragüenses del exterior han estado exentas del pago por renta de capital, tal como lo establece el numeral 7, de la actual ley de concertación tributaria vigente. Archivo/Metro

Opinión por Elaine Miranda,

Una remesa es un envío de dinero de un lugar a otro. Generalmente, cuando mencionamos esta palabra, asumimos que se refiere al envío de dinero que una persona emigrante (trabajando en el extranjero) hace a su país de origen, específicamente a su familia o seres queridos.

No es ningún secreto que Nicaragua recibe una buena cantidad de dinero en forma de remesas. Si bien estas son un tipo de salvavidas importantes, no podemos obviar que también pueden fomentar una dependencia de estos flujos externos de capital.

¿El problema? Esto hace que los flujos de remesas pueden verse afectados negativamente por una desaceleración de la economía mundial y, por tanto, dependen de que esta se mantenga saludable.

El tema de las remesas es grande. Tan grande que más de US$100 mil millones se envían solo de EE. UU. cada año. y son cientos de miles de millones de dólares entre las demás naciones.

En Nicaragua no somos la excepción. Tanto así que, como porcentaje del PIB, las remesas representan:
• 2017: 9,3%
• 2018: 10,8%
• 2019: 12,4% (proyección de Funides)

Con la crisis sociopolítica en Nicaragua que nos ha afectado a todos, miles de personas han tenido que migrar en el último año y la cantidad de dinero proveniente de remesas también ha venido creciendo.

Remesas: cómo invertir inteligentemente

• Prestar atención a los costos de las transferencias y evitar aquellos servicios que aplican costos adicionales cuando familiares retiran el dinero. Y elegir proveedores con servicios cercanos a donde residen los familiares, para evitar costos adicionales de transporte.
• Establecer prioridades. ¿Para qué se va a usar el dinero? ¿Qué es lo que la familia realmente NECESITA? Muchas veces, la familia usa los fondos para cosas que quieren (como la pantalla plasma de 100 pulgadas) y no que necesitan (como la educación de los hijos e hijas).
• Ahorrar. Siempre. Al igual que cuando uno trabaja y recibe un salario, estas remesas son tu ingreso y por tanto hay que dejar una parte —aunque sea pequeña—para el ahorro. ¿Cuánto? Ponete de meta un 10%.
• Abrir una cuenta de ahorro. Cuando digo ahorrar, me refiero a abrir una cuenta en un banco, no tener el dinero bajo el colchón. Esta cuenta no es solo para mantener el dinero ahorrado, sino también para recibir las remesas, pues es probable que el costo sea menor, así como para utilizar la tarjeta de débito como método de pago y convertirse en una persona bancarizada.
• Invertir una parte de lo ahorrado. Sí, esto no será algo que se pueda hacer desde el inicio y tomará tiempo. Pero no perdás de vista que solo invirtiendo le estás sacando el jugo al dinero y a ese arduo trabajo que realiza la persona en el extranjero. ¿En qué? Podés comenzar con metas comunes como la compra de un terreno o una casa; o en la remodelación o mejoras de la misma. Otra opción son los pequeños negocios.

Un cuidadoso balance entre los gastos que hacés en el país al que emigraste y lo que destinás para enviar como remesas es indispensable. ¿Y sabés la única manera en que conseguís ese balance? ¡Adivinaste: presupuestando!
Muchas de las preguntas que me han llegado giran en torno a qué tanto deben enviar y, pues, no hay una única respuesta. Como en lo demás de las finanzas personales, es un asunto personal.

Elaine Miranda es experta en finanzas personales. Autora del blog Plata con Plática.


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