Foto: Cortesía.
Foto: Cortesía.

Opinión por Elaine Miranda,

Bueno, sí, la frase original es “caras vemos, corazones no sabemos”, pero aplica igualito al ámbito de las finanzas personales. De la misma forma en que a veces ves a personas siempre con una sonrisa y no te imaginás la cantidad de preocupaciones y problemas que traen; así mismo pasa con el dinero.

¿Cómo así? En el mundo que hoy vivimos, donde pasamos un buen tiempo del día en redes sociales viendo fotos y vestimentas de otros, es fácil querer lo que otros tienen. Si ves a tu vecino remodelando su casa, vos también le querés hacer mejoras a la tuya. Si tus excompañeros del colegio se fueron de viaje por Europa, vos también lo querés hacer. Y te preguntás:

“¿Por qué si ellos lo hacen yo no? ¿Acaso no me lo merezco?”

Y es aquí donde entra el “caras vemos, deudas no sabemos”, puesto que ver a alguien y asumir que gastó mucho en su ropa, comida o carro no nos dice si es que lo hizo porque sus ingresos son mayores y lo puede pagar o si es que vive muy enjaranado y ahorcado por las deudas.

Yo que recibo correos todos los días de personas que viven en constante estrés por las deudas, te puedo decir que esa no es vida. 

Y te puedo afirmar también que la gratificación que les dejó ese momento de compra, salida o gasto fue momentánea, en comparación con la infelicidad que sienten ahora (durante muchísimo más tiempo) por tener que pagar esas deudas.

Así es que la próxima vez que pensés que el pasto se ve más verde del lado de tu vecino, pensalo dos veces: “caras vemos, deudas no sabemos”.

Si se lo pudo pagar, excelente, alegrate por esa persona. Y si no se lo pudo pagar y lo que está pagando son deudas todos los meses, entonces sentite con la tranquilidad de que vale más la pena vivir dentro de tus posibilidades, que destinando más del 50% de tu salario mensual para pagar lo que ya disfrutaste.

Y esto no quiere decir que todos los créditos son malos y nunca los debás pedir. No. Evidentemente habrán cosas que no podrás comprar de contado, como un carro –aunque si comprás uno usado, lo podrías hacer- o como una casa. Sin embargo, hay muchos otros artículos (camas, refrigeradores, celulares, televisores) que sí está dentro de tus posibilidades comprar de contado, pero que no queremos hacer el esfuerzo de ahorrar durante unos meses para comprarlo y no pagar intereses.

La deuda es un ahorro a la inversa y si te va a tomar meses o años pagar lo que te tomó un instante disfrutar, pensalo dos veces. Te lo digo yo: no vale la pena.

Y cierro este post recordándote que las cosas no son siempre como parecen y que, por tanto, la próxima vez que sintás un impulso de compra o gasto porque viste a otras personas haciéndolo, pensá que “caras vemos, deudas no sabemos”.

Experta en finanzas personales. Autora del blog Plata con Plática.


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