Foto: Cortesía
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Opinión por Elaine Miranda,

Un socio no necesariamente es la receta del éxito para tu idea de negocio. Si escogés bien, puede llevarte a la gloria empresarial; si no puede resultar en un tremendo desastre.

Una de las cosas que siempre recomiendo es que la persona con quien estás considerando iniciar un negocio, idealmente tenga habilidades, talentos y experiencias diferentes a los que vos tenés y que complementen la empresa.

La idea es que las dos (o más personas) aporten una sensación de integridad que ninguno de ellos hubiera podido lograr por su cuenta. Es algo como encontrar el Ying y el yang, el que produce y el que vende, el creativo y el administrador, el Steve Jobs y el Wozniak de tu empresa.

Tu socio debe ser una persona que tenga cosas parecidas a vos, y también cosas diferentes. El punto está en saber reconocer cuáles son las similitudes y las diferencias que debés buscar.

Similitudes:

Visión: Lo que se busca es que tengan una intuición similar sobre cómo se desarrollará la empresa, el mercado y la industria en la que están.

Si, por ejemplo, uno cree que el futuro del negocio está en la manufactura del producto de la A a Z, y el otro considera que será más rentable y mejor enfocarse en solo la distribución y ceder la manufactura a un proveedor, probablemente vendrá problemas pronto.

Valores: Los valores dan forma a quién sos como persona, pero también a la identidad de la empresa, por lo que entre más similares sean los valores personales, más probabilidades de que permanezcan juntos.

Si, por ejemplo, uno de los socios es del tipo que cree que “el fin justifica los medios” y que por las utilidades de la empresa vale la pena pagar a alguien por debajera, y el otro socio cree en actuar recto el 100% del tiempo, es probable que al poco tiempo se generen conflictos.

Compromiso: Probablemente de las cosas en las que menos se piensa durante la emoción del primer momento, pero he conocido casos de pequeñas empresas en las que el nivel de compromiso de cada socio es diferente y se dan cuenta hasta que los meses comienzan a pasar y las demandas empiezan a llegar.

La pregunta es, ¿qué viene primero? ¿Es la pareja, la familia, la empresa o la vida balanceada? No digo que uno sea mejor que otro. Lo que sí pienso es que mientras uno de los socios ponga en primer lugar a su familia y para el otro lo primero sea la empresa y el tiempo que le dedica, difícilmente la empresa marchará como debe pues cada socio tendrá sus propias prioridades.

Diferencias:

Experiencia y talento: Es importante que vos y tu socio tengan habilidades, experiencias, conocimientos y talentos diferentes, pero que se complementen.

Imaginate montar un negocio donde ambas personas fundadoras son excelentes diseñadores pero ninguno tiene conocimiento en administración, ventas o impuestos. O uno donde ambas personas tengan exactamente el mismo conocimiento, son buenísimas en lo que hacen, pero se quedan cortos en todo lo demás.

Perspectiva: Sí, yo sé que es tentador (¡y nos pasa!) creer que tenemos la verdad absoluta… no es así. Si en todas las esferas de la vida es importantísimo darle la vuelta a la moneda y ver la otra cara, en el emprendimiento es vital. Si vos sos de los que ve el bosque, que tu socio vea el árbol. Pero va mucho más allá de eso: lo nuevo VS lo antiguo, lo joven VS lo viejo, lo urbano VS lo rural, lo masculino VS lo femenino, etc.

En fin, tomate el tiempo necesario para elegir ese socio ideal, pensalo como un matrimonio y como dicen en los matrimonios, es mejor que te casés tarde o a que sea muy temprano.

Experta en finanzas personales. Autora del blog Plata con Plática.


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