Foto: EFE
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Opinión por LYHELIS TORRES,

Llevo días escuchando esta pregunta, y no es para menos, son 57 días ya de incertidumbre y caos en nuestro país, los nervios andan de punta, la violencia ha crecido exponencialmente y la inseguridad en las calles es innegable. Para escribir este artículo quería ser objetiva, no dejarme llevar por mis sentimientos o pasiones, por lo que volví a hacer un sondeo de opinión entre colegas, familiares y amigos, quienes han compartido sobre su realidad cambiante en el último mes y medio.

A lo que obtuve expresiones de todo tipo, al juntar las piezas es como una narrativa, al inicio estaban con mucha incredulidad, nadie entendía bien lo que estaba pasando, había desinformación, y la mayoría pensaba: “¿Cómo nos puede estar pasando algo así?” Pero cuando empezaron a enlistar a los heridos, a los fallecidos, a los desaparecidos, el sentimiento empezó a ser de pánico y terror; dos o tres expresaron que su “nivel de conciencia sobre el valor de la vida y la libertad” había cambiado radicalmente.

Entre los cambios más mencionados está la inseguridad, que ha ido en aumento, esa sensación que te abraza y te llena de preocupación, de ansiedad, de miedo; el cambio ha sido drástico, al inicio podías salir de noche, con cuidado, pero podías salir, hoy por hoy ya no se atreven a salir después de las 7:00 p.m. Incluso sobre esto de la movilización, en especial hay quienes en sus casas implementan un “toque de queda táctico”, en el que apartir de las 6:00 p.m. todos los miembros de la familia deben estar en casa. Hay quienes tienen por técnica reportarse cada cierto tiempo con el líder de familia.

Esto viene acompañado del tema económico y la administración financiera, llevamos años leyendo con admiración a Elaine Miranda, mi homóloga en temas de educación financiera, y siempre nos invita a ahorrar, empezar de a poco, pensar en el fondo de emergencia, en el fondo de retiro; y estoy segura que cuando le leemos quedamos convencidos(as) de que debemos empezar, pero que hoy por hoy, con la crisis encima, sentimos que hemos hecho muy poco sobre este particular.

Y es que la situación financiera va de la mano de la inestabilidad laboral, que es abrumadora, ese 90% de la población mipyme de nuestro país está sufriendo crudamente el impacto negativo que se vive en la actualidad, emprendimientos suspendidos, contratos cancelados, despidos masivos, impuestos y responsabilidades tributarias sin poder ser pagadas, lejos de aspirar a la decisión de una desobediencia civil o de un paro laboral, son muchos quienes expresan, incluyéndome, que el cambio más radical ha sido sentirnos forzados a la no percepción segura de ingresos mensuales para asumir nuestras responsabilidades.

Y esto ha despertado una crisis nerviosa, que como bien lo expresa una de mis mejores amigas, economista de profesión, esto es “…una combinación de tristeza, zozobra, ansiedad e incertidumbre que influye desde las horas de sueño, hasta el ánimo habitual”. Hay quienes expresan que este cambio en temas de ingresos representa algo positivo, porque ante el impulso de comprar, se ha visto concientizados en dejar de incurrir en costos innecesarios o fuera de presupuesto. Otros, a pesar de conservar su trabajo, ganan por comisión y sus ingresos han disminuido drásticamente, por lo que han tenido incluso que acudir a sus padres en busca de apoyo.

Y esto me lleva a tomar en consideración un aspecto que en lo personal me ha tocado muchísimo; siempre he sido de la mentalidad que si ya no vivo con mis padres, no debo ser una carga (ni económica, ni emocional) para ellos, por lo que ante los altos y bajos –de cualquier naturaleza- en mi vida, siempre he procurado compartirles calidad, no preocupaciones. Sin embargo, ante la crisis, muchos jóvenes adultos (independientes) respondieron que no tienen lo suficiente; que ganan por comisión, o que por la falta de transporte han perdido días de trabajo y que sus jefes no se los perdonan. Afirman con dignidad, que el dinero no los define, pero que es obvio que los afecta, más si tienen hijos, casa, préstamos que pagar, etcétera.

Este artículo quiere dejarte saber que no estás sola(o), que no sos la única(o) viviendo momentos difíciles, que hay un mar de nicaragüenses sintiendo el golpe de la crisis político institucional que atraviesa el país, que al igual que a vos, a mí me ha hecho falta la fortaleza, que hay días en que no quisiera salir de casa a nada, por miedo.

Te invito a ser coherente con vos mismo, a reconocer tus sentimientos y abrazarlos por un momento, dejar que las lágrimas acumuladas caigan, que los sentimientos reprimidos fluyan. No somos perfectos, y en la imperfección está nuestro mayor atractivo. Lo que vos andás sintiendo, el del lado en el semáforo quizás lo sienta igual o en mayor grado. La magnitud del problema va de acuerdo a tus circunstancias de vida, a tu madurez e inteligencia emocional; por un momento dejá tu crítico al lado, humanizate, procurá ser el mejor amigo de la empatía.

La incertidumbre va a continuar, necesitamos estar preparados, tener fortaleza espiritual para enfrentar lo que venga con la mejor de las actitudes; necesitamos que nuestras acciones marquen la diferencia. En el siguiente artículo, te compartiré ideas sobre cómo manejar la situación que vivimos actualmente. Por el momento, me despido, deseándote paz interior.

Especialista en Responsabilidad Social.


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