Cortesía Internet
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Opinión por Lyhelis Torres,

El mundo va de manera acelerada, cambiando sin pedirnos permiso, cambios: culturales, sociales, económicos, digitales, políticos, es decir, ningún área de desarrollo se queda fuera de este proceso evolutivo. Es importante mantener el enfoque y en la mayoría de los casos necesitamos cultivar nuestras habilidades blandas, es decir, adaptación a los cambios, cultivar la comunicación asertiva, la proactividad, la aceptación del entorno, la creatividad, el compromiso, la honestidad, entre otras cualidades que nos brindan balance y equilibrio a diario.

Estas circunstancias de cambio, nos empujan a vivir una revolución, de la que en ocasiones no nos damos ni cuenta. Tenemos acceso a nuevas tecnologías, a nuevas formas de comunicación, a herramientas más sofisticadas para lograr nuestros objetivos; y esto a su vez nos conecta con un mundo de opciones para relacionarnos con otros y otras, para encontrar socios laborales, para conocer nuevas amistades y por qué no, hasta para encontrar el amor. Y es que en el amor, no hay muchas reglas, cada pareja establece sus límites y formas de relacionarse.

Todos hemos escuchado, visto o vivido verdaderas historias de amor, pero no todos tenemos la misma suerte, de pronto elegimos mal, andamos atrofiado el radar y atraemos seres humanos que tienen características que necesitamos trabajar en nosotros mismos, pero lo deseamos perfeccionar en ellos o con ellos. Como si fuesemos salvadores de la humanidad, o en específico, de nuestras parejas amorosas. Justo el año pasado publiqué en las redes de Vida Socialmente Responsable, un post sobre “Relaciones espejo”; y es que mientras más nos inquiete la conducta de nuestra pareja, más debemos ver hacia adentro, para mejorar esa reacción de molestia. Llegado el momento, si no nos sentimos satisfechos debemos tomar decisiones personales respecto a lo qué —y con quién— lo queremos.

Sin embargo, con tantos estímulos y formas de evadir las cosas importantes, terminamos cayendo en la trampa de la inmediatez, el yaísmo, los jueguitos de poder, las clasificaciones, la deshonestidad, en fin… distorcionamos el objetivo primordial de las relaciones amorosas y adaptamos las amistades a nuestros intereses. ¿Les suena familiar? Yo me ponía a pensar: ¿qué se puede hacer para saber si vamos por el camino más sano en una relación? Sea del tipo que sea, a distancia, en línea, de convivencia, sexual, de matrimonio o en etapa de noviazgo. Les soy honesta, la primera cosa que se me ocurrió al pensar en esa pregunta fue, evaluar cuan sana es mi relación conmigo misma. ¿Tiene sentido para ustedes? Me hizo pensar nuevamente en las “relaciones espejo”… ja ja ja… ¡en donde la imagen frente a ese espejo fuese la mía!

Pero en realidad, las relaciones son como un proyecto, y como todo proyecto requieren tiempo. ¿Quiéres comprar tu auto o una casa? ¿Buscas un nuevo trabajo? ¿Quieren quedar embarazados? ¿Van a hacer un viaje? ¿O una mudanza? ¿Querés tener pareja?

La verdad es que se debe planificar; y evaluar algunos aspectos que quizás nos sea útil, como el físico, espiritual, sentimental o mental, es decir, qué nos genera cuando pensamos en eso que deseamos. Aquí te comparto algunas preguntas que te pueden encaminar:

1. ¿Sos feliz con tu estilo de vida? Yo llevo un año aproximadamente tratándome como si fuese mi propio novio, me mimo, me atiendo, me hablo bonito, me doy todo lo que desearía de un compañero de vida. Y me encanta, es como un experimento de amor propio.

2. ¿Qué tipo de relación deseás? ¡Esto es importante! Va a facilitarte muchísimo las cosas. Sé honesto, si solo querés probar, no le hagas perder el tiempo a esa tercera persona; si solo querés sexo, pues es más sencillo pedirlo que manipularlo; si querés una relación más seria, es relevante que ambos estén en la misma página, porque de lo contrario será tiempo compartido, pero no florecerá hacia donde lo pensás.

Y si ya estás en una relación, considero oportuno responderte las preguntas una y dos, de esa manera quizás consigás conectar mejor con tu ‘Yo’ interno, ser más coherente con el tipo de vida que llevás, con lo que sentís, pensás y como actuás. En ocasiones esperamos que las parejas llenen nuestros vacíos, cuando en realidad esa es solo nuestras responsabilidad.

Y sin ánimos de sonarte obsesiva compulsiva con tanta pregunta, quizás necesités responderte un par de cositas más:

3. ¿Qué quiero obtener de una relación? Sea de amistad o de amor.

4. ¿Qué estas dispuesto a entregar al entrar a una relación? Porque es inevitable, tendrás que entregar tiempo, atención, escucha, cariño, invertir dinero, compartir tu espacio, tu tiempo. En serio, ¡tenés que pensar en esto!

5. ¿Cuál es el mínimo no negociable en una relación? Este ha sido el parámetro más importante para mí, porque en ocasiones el enamoramiento o la pasión nos nublan. Pero si sabemos qué queremos y qué cosas no son tolerables, estaremos más seguras al tomar una decisión para toda la vida.

Decidir tener o no una relación, de pareja o de amistad, es un acto de amor en primer lugar hacia uno mismo. Date un chance antes de decidir.

¡Feliz —todos los días— del Amor y la Amistad!

Especialista en Responsabilidad Social


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