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Opinión por Lyhelis Torres,

Yo sé que el término “locos” puede sonar algo extremo o muy trillado, usualmente utilizamos esa palabra con una connotación algo negativa; “está loco creyendo que eso va a dar bola”, “anda soñando, solo locuritas”, “está loca, puede perderlo todo” y son esos mensajes, entre otros, los que como por arte de magia se meten en nuestro inconsciente y nos hacen dudar de nuestra propia visión.

Han escuchado la canción de Coldplay que dice “Nobody said it was easy”, que en español sería “Nadie dijo que sería fácil”. Pues, por favor, aplíquelo a este contexto, el del emprendedor; ese ser humano que un día sembró la semillita de la curiosidad y se preocupó por investigar un poco más sobre su idea de negocio, vio que podía tener frutos y ser rentable, pero también sabía que había riesgos y retos que asumir, pero se dedicó a crear su plan de negocio, a retroalimentar sus ideas con otros pares y a pedir consejos a sus mayores.

Y aquí es donde empiezan los mensajes brujos, esos que se clavan en el corazón de cualquiera, sin darnos cuenta. Cuando llegás a casa emocionado(a), contás tu idea a tus padres, a tus hermanos(as), a tu abuela o abuelo o lo compartís con tu mejor amiga o tu ‘brother’ del alma y empezás a escuchar no solo los consejos que pediste, sino otros que reflejan sus propios miedos, sus precauciones, sumado al tono con que brindan su opinión o la actitud que por la confianza o la autoridad, se cree se puede utilizar en estos casos.

Pero si sos de los míos, en este momento ya te jugaste los ahorros y estás emprendiendo, tu iniciativa esté caminando y luchando por recuperar lo invertido, por ganar posicionamiento, por mantener el estándar de calidad (a pesar del cansancio), con el alto propósito de generar valor agregado a tu entorno y producir al menos lo necesario para cubrir las cuentas. Eso sin mencionar, que seguramente estás redefiniendo estrategias o apostando por la diferenciación.

Es lindo emprender, realmente es un reto, no lo niego; sin embargo, despertar a diario con la emoción de que estás haciendo lo que amás, lo que te apasiona, no tiene precio. Utilizar los dones personales, las cualidades y actitudes cultivadas, para empoderar, sumar, aportar en la vida de alguien más (sea o no tu cliente). Facilitar espacios de colaboración, estrechar alianzas que impacten asertivamente a quienes los necesitan. Pero aún mejor, conocer a personas que también sueñan como uno, que proyectan luz a través de sus iniciativas, que estan convencidas que hacer lo correcto es lo único que pueden hacer.

Y en esta jornada como emprendedora he conocido de todo un poco, pero las que más me gustan son esas personas comprometidas con sus ideas, pero lo suficientemente abiertas para cambiar su enfoque, redirigir su mercado, buscan nuevo público meta, incluso, replantearse su idea inicial de negocio. He tenido el placer de conocer gente joven, que aporta a la ecosostenibilidad con la que implementan sus negocios, que a pesar de sus circunstancias económicas o los mensajes familiares, mantienen la estrategia y se enfocan en la constancia, sus valores y la calidad en el servicio.

Ahora que ha leído el presente artículo, quizás coincida conmigo al expresar que todos y cada uno de los emprendedores a nuestro alrededor merecen nuestra admiración y respeto, la empatía sería una excelente amiga en caso de encontrarse frente alguno(a) de estos casos extremos en los que nos jugamos el todo por el todo por cumplir un sueño.

Para mí, más que locos o locas, son valientes; pues se requiere valor para cambiar paradigmas sociales y culturales, para salir de la caja y hacer las cosas diferentes.

Para esos valientes, ¡Feliz Semana Global del Emprendimiento!

Especialista en Responsabilidad Social


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