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Opinión por Elaine Miranda,

En estos 5 años dedicándome a las finanzas personales he conocido a muy pocas personas libres de deudas. Así lo comprobé en una encuesta que hice por el blog, donde resultó que el 87.5% de las personas estaban endeudadas.

Y dentro de estas personas con deudas hay de todo un poco: una minoría que solo tiene un crédito y paga puntualmente; los que tienen un par y con dificultad pagan a tiempo; quienes han dejado de vivir su vida porque solo les alcanza para comer y pagar; y finalmente, los que aún con el 100% de sus ingresos no logran pagar sus cuotas mensuales de deudas.

De este último grupo te quiero hablar, porque lastimosamente cada vez hay más personas ahí y no quiero que vos formés parte de esa estadística.

Caso #1: La ayuda familiar desmedida
¿Sabés a qué me refiero, verdad? A esa típica mujer que se cree supermujer y comienza a sacar créditos. Normalmente de dos maneras:
• Saca un crédito a su nombre y el familiar le dice que se hará responsable de pagarlo… y ella termina por hacerse cargo del crédito.
• Saca un préstamo para ayudar en la casa. Ella sabe que se va a hacer cargo del préstamo desde el comienzo, pero suele suceder que comienza con uno y luego va con otro, hasta que se le sale de las manos.

Caso #2: El disfrute anticipado
Y la mejor manera de entenderlo es así: suponé que durante años te dedicás a comer TODO lo que querés, lo que se te antoje.

Un día decidís que es hora de ponerle un alto porque estás en obesidad y vas donde un nutricionista. Esa dieta lo que quiere decir es que comiste mucho durante tanto tiempo que ahora te toca restringir lo que podés consumir. Lo mismo pasa con los gastos y las deudas.

Caso #3: La boda de los sueños
Lo entiendo. De verdad que sí. Sé que las personas se casan pensando que ese será un evento único en su vida y, por lo tanto, quieren tirar la casa por la ventana en celebración.

De esta manera, gastar, consumir y disfrutar está bien. Lo que está mal es comenzar tu matrimonio cargado de deudas que muchas veces no pueden pagar. ¿Realmente creés que la alegría del gasto del día de la boda será mayor a la insatisfacción que vivirás durante meses, mientras lo estés pagando? Por supuesto que no.

Cada uno de estos casos y todos los demás que existen tienen un patrón común: gastan más de lo que ganan y gran parte de esto se podría evitar si hiciéramos dos cosas:
1. Aprendiéramos a decir NO a la gratificación instantánea.
2. Lleváramos un presupuesto y control de gastos que nos permitiera planificar en qué gastar y detenernos cuando ya no hay.

Solo así se evitan las deudas. Y, ¿sabés qué? TODOS podemos vivir sin ellas. Un límite de deuda sano debería ser el 30%.

Es decir, que de tus ingresos totales, vos no estés destinando más del 30% como abono a los diferentes créditos que tenés. Como ya he dicho antes, aquí no importa quién, cuántas veces y cuánto dinero te ofrezcan en préstamos, vos siempre podés decir NO si es algo que no necesitás y, sobretodo, no tenés claro cómo vas a hacer para pagar.

 Experta en finanzas personales. Autora del blog Plata con Plática: www.plataconplatica.com


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