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Opinión por Lyhelis Torres,

La atención es una de las más valiosas herramientas que nos brinda nuestro cerebro en este mundo de idas y vueltas, tan aceleradas que de pronto nos vemos inmersos entre papeles, tareas pendientes, ideas en la cabeza, dolores de pecho y grandes suspiros para ayudarnos a continuar.

Competimos a diario por ganarle al tiempo, nuestros días llevan un corre corre alucinante, estamos llenos de energía, chispa que en ocasiones nos golpea un poco en la punta de los dedos. Pero sin ánimos de clasificar ese actuar como algo bueno o malo, realmente debemos poner atención al estilo de vida que llevamos. En artículos anteriores les comentaba que mi primer semestre del año representó muchos retos personales, las recaídas por las alergias y el cansancio por el exceso de proyectos e iniciativas.

No voy a culparme por eso, asumo mi responsabilidad y sigo adelante, si bien mi ritmo de vida no contribuía a mi salud, debo agradecer que las alergias se detonaran para poder bajar el gas y tener días de reflexión, en las que pudiera con calma pensar si realmente ese era el estilo de vida que quería tener. Eso me llevó a interiorizar mi realidad, a darme cuenta que necesitaba aliarme con personas que aportaran a mis proyectos, en la figura de “asociados” para vida socialmente responsable o como amigos que en sus nombres tuvieran letras como “M” de motivación o “R” de revolución, que evocaran eso en mi vida.

Y es que el cerebro de pronto nos juega pasadas, han notado que mucho lo hacemos casi en automático o por instinto, eso es porque parte de nuestro cerebro está acostumbrado a activar las áreas necesarias casi por defecto, por sí solas; pero esas funciones automáticas pueden interferir en la calidad o eficiencia de nuestro desempeño, pues no prestamos atención a lo que está ocurriendo, incluso llegamos a autollamarnos: “multitask” o “multi tareas”, es decir, nos definimos capaces de hacer varias cosas al mismo tiempo.

Te ha pasado que cuando ya estás listo para “relajarte”, te acostás en tu cama, hacés tus ejercicios de respiración… y voila, empezás a pensar en las mil y una noche, luego tomás tu celular y ponés música para entrar en ambiente, retomas ese libro que te anda loca, estás lista… cuando suena tu celular, es un mensaje al whatsApp —lo mirás, respondés— pero tenés una notificación en facebook, recordás que no le has escrito a tu amiga del alma, y la cosa se hace larga; tenés el libro apoyado en tu pecho y el cel sostenido con tus dos manos, al fin terminás tu interacción digital y volvés a dejar el cel y tomar el libro, pero la música que suena no te gusta, por lo que volvés a desbloquear tu celular y el ciclo vuelve a empezar, lo ponés a un lado y te das cuenta que olvidaste cambiar esa canción —sí— esa que te hizo tomar tu celular. Y pensás “es en serio”.

Así llevamos nuestra vida a diario, tenemos un deseo, que se diluye entre nuestras rutinas y faltas de atención sobre lo que realmente es importante. Dejamos que nuestras creencias y condiciones mentales actúen en automático. Así es un poco complejo asumir la responsabilidad de nuestras vidas y proveernos plenitud.

Yo te invito a poner atención, a sacarle provecho a esa herramienta que gratuitamente nos brinda nuestro cerebro.

La autora es Especialista en Responsabilidad Social


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