/INTERNET
/INTERNET

Opinión por Lyhelis Torres,

Últimamente en redes sociales es viral el tema del “antes y después”, he creído que exponer al público nuestro progreso es un poco presumido, pudiendo prestarse a opiniones negativas de parte de terceros; sin embargo, desde que escribo cada línea que publico, me resulta un compromiso real con la coherencia y la práctica de lo expresado; un poco de lo mucho que escribo tiene que ver conmigo o de mi entorno.

Precisamente, la misión de escribir se resume en una frase que utilizo mucho: “Mi pasión es poder generar valor agregado a mi entorno, compartiendo intencionalmente mis experiencias de vida”, la vida hoy tiene más sentido, un propósito que me llena de motivación, hay un fin que perseguir y lo tengo claro.

Hace unos días asumí un nuevo reto personal, mejorar mi salud y fortaleza física, haciendo cambios en mi estilo de vida, en mis costumbres alimenticias, en mi rutina diaria. Y publiqué un post en Facebook e Instagram con un par de fotos, entre ellas una de mi antes (con 209 libras) y mi después (con 169 libras). Para mi sorpresa, esa foto causó más reacciones (corazoncitos) que cualquier otra publicación, que haya tenido en los años que llevo interactuando en redes sociales, así como comentarios alentadores y mensajes privados invitándome a entrenar.

Sé que muchas de esas personas me conocieron en esa época y saben que nunca dejaba de sonreír, es que tengo un alma comprometida con lo alegre, aunque eso no represente que estaba viviendo mis mejores días, ni que era feliz en ese momento. En ocasiones, no digo que sea una regla, solo en ocasiones el peso refleja lo que andamos dentro o en lo que nos escudamos a diario; en lo personal, comía porque me daba momentos de satisfacción, encontraba en esa acción un espacio para compartir en pareja, sentía algo de placer, aunque luego me doliera la panza o no pudiera ni respirar de lo llena.

Y cuando me decían que buscara como bajar de peso, que me cuidara, que eso no era sano, yo expresaba con bastante arrogancia: “es mi vida”, “yo como y soy feliz”, “el peso no me define”, “estas llantitas son de felicidad”. Me molestaba muchísimo que me dijeran algo respecto a mi físico, hasta que un día entendí que esa molestia era una proyección directa de mi propia inconformidad sobre mi salud, mi físico y mis costumbres alimenticias. En ese momento de verdad, mi intención empezó a cambiar, busqué ayuda con una nutricionista, me inscribí a un gimnasio y me obligaba —literalmente— a dejar de compensar mi tristeza con la comida.

La vida está llena de oportunidades, cambios, superación personal. Podemos brindarnos a diario el chance de crear un “antes y después”, para todos los departamentos de nuestras vidas: emocionales, mentales, físicos, de pareja, familiares, laborales. Somos materia dispuesta al cambio, pero necesitamos creérnoslo, vivirlo, sentirlo desde adentro.

Hoy, mi “antes y después” es en pro de mi salud; ayer, mi “antes y después” era profesional; y mañana, mi “antes y después” probablemente sea tan radical que no solo lo vas a notar, quizás también podás vivirlo y disfrutarlo conmigo.
¡Bienvenidos los procesos de cambio!

La autora es Especialista en Responsabilidad Social


Noticias Relacionadas