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Opinión por Lyhelis Torres,

Por obvias razones la edad tiene gran importancia en nuestra vida, habilidades, aptitudes, imagen, seguridad, conocimiento, todo esto es como nuestro kit de herramientas para ser más integrales en el día a día. Como he dicho antes, esto es un proceso paulatino, secuencial, en donde podemos ir trabajando cosas de forma paralela, pero al final, aunque la idea es vivir un día a la vez, también es cierto que un día vivido será un día aprendido, por lo que los números, las experiencias y el crecimiento se ve reflejado en la edad.

La ciencia dice que la mujer, por temas genéticos y naturalez, desarrolla primero que el hombre. Los cambios son más notorios, más evidentes, físicamente crecen los pechos, se reafirman las caderas, sin embargo me queda dando vueltas en mi cabeza, qué tan cierto es que nosotras maduramos emocionalmente antes que los hombres. Y cuánto de ese crecimiento en el género masculino se da con mucho más silencio que en el femenino.

Hasta hace poco yo era de la “concepción” de que la edad era trascendental; ¿cómo lo van a nombrar gerente si no ha vivido nada?, ¿qué hace con un niño 10 años menor que ella? O viceversa. ¡Seguro es una niñita de mamá, mimada! Y debo agradecer, porque la madurez ha llegado con una alta dosis de respeto y no juicios, en donde aprendí a “vivir y dejar vivir”, pero la vida traía consigo una pastilla de color roja (como la película “Matrix”) que me abrió los ojos a una realidad diferente, a la verdad (…)dejándome claro que la edad no siempre es importante y que la madurez se construye con experiencias de vida.

Te podés encontrar una persona de 35 años, que apenas está empezando a responsabilizarse sobre sus acciones, a cuestionar su formación para construir su propio criterio, bajo sus propias reglas, que no logra aún conectar con su mundo de sentimientos o emociones, o que aún no entiende de inteligencia emocional. Versus una persona de 25 años, que hace mucho rato vive sola, asúme responsabilidades, toma riesgos sobre sus decisiones, asume sus sentimientos y emociones —no las ocultas—, desea vivir cambios profundos para no repetir patrones poco saludables y que hoy por hoy construye su propio mañana.

Esto es lo que la vida me ha enseñado respecto a la edad versus la madurez, no importa cuántos años tengás, si podés decirle “te amo” a tu mejor amiga o amigo, sin que eso represente que tienen un vínculo sexual; no importa cuántos años tengás, cuando asumís tus responsabilidades y te vales por vos mismo, no importa cuántos años tengás, cuando sabés “vivir y dejar vivir”, sin estar encima de tu prójimo; no importa cuántos años tengás, cuando sabés reconocer, lidiar y sobreponerte a tus sentimientos y emociones, sin dejar que te gane el drama; no importa cuántos años tengás, si podés respetar a tu entorno, empezando por respetar tus propios límites; no importa cuántos años tengas, si en tu actitud siempre hay positivismo, si te encanta provocar sonrisas, si sumás a la vida de otros.

En ocasiones toca madurar con carburo y la misma vida trae sus recompensas. Parafraseando ese dicho popular: “Nunca es tarde”, pues yo diría “Nunca es tarde y nunca es tan pronto”.

LYHELIS TORRES; Especialista en Responsabilidad Social


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