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Opinión por Lyhelis Torres,

¿Han escuchado o utilizado la frase “antes muerta que sencilla”? Seguro ya estan pensando: “¡Ayyy, Ly!, hasta la pregunta es necia”, y estoy de acuerdo… ja ja ja ¡sí, lo es! Pero es que últimamente vienen a mis lecturas sobre amor propio, dignidad, estilos de vida, calidad, entre otros, me ha resultado interesante encontrar sobre el orgullo personal, a qué por cierto, le dan mucho tipo de connotaciones y como ya saben, en la diversidad encuentro mucho gusto.

El orgullo al reconocer tu preferencia sexual, el orgullo de una madre ante los logros de sus hijos, el orgullo de ese nuevo puesto de trabajo o ese anhelado ascenso, el orgullo de ir por la calle de la mano de esa chavala —que te trae vuelto loco—, el orgullo de saber que lo que tenés lo has construido gracias a tu esfuerzo y arduo trabajo, el orgullo de los resultados obtenidos por haber tomado buenas decisiones, o esa sensación, entre: pena, orgullo y satisfacción, al disfrutar de una buena salsa en la pista de baile.

Estoy segura que podemos pasar un buen rato hablando de los diferentes contextos en los que podemos aplicar la palabra orgullo.

Pero hay uno, que no enumeré con anterioridad, y es la aplicación que hacemos de la palabra “orgullo” cuando queremos recuperar la dignidad que sentimos pérdida o que hemos puesto en riesgo al vivir experiencias desagradables, ese orgullo que puede verse en tus ojos al regresar a tu exoficina por el cheque de la liquidación, porque has encontrado una mejor oportunidad laboral, dejando atrás esa empresa donde quizás no supieron valorarte; o ese orgullo —mal entendido— que le aplicás a tu ex cuando se acerca con cortesía a saludarte, porque aún no cerrás ese ciclo de tu vida y te lastima su sola presencia en un lugar.

Esta connotación del “orgullo” es de la que quiero compartir con vos en este artículo, porque aunque usted no lo crea, esa es la que probablemente apliquemos más seguido, utilizando el “orgullo” como un capote de protección ante la lluvia de emociones que nos invaden cuando hemos permitido que alguien nos hiera (romántica, profesional, física, psicológica o emocionalmente) y me atrevo a confesar que para mí, este tipo de orgullo es poco sano y hasta peligroso, porque anula tus buenos sentimientos y hace que tu ego sea quien domine tus reacciones. Sí, tu ego, ese exceso de autoestima en el que te refugias, para expresarte superior a los demás; y uso la palabra “expresarte”, porque esas conductas no son realmente por “sentirte” mejor a nadie, sino todo lo contrario, tenés una lucha interna con tus propios vacíos, mirás tus entornos y propios defectos y en ocasiones te deslizás hacia una idolatría sobre vos mismo, que te provoca un falso orgullo.

Nadie tiene porque juzgarte, al final, quien se hace daño sos vos mismo y como he repetido en otros artículos, nadie puede dar lo que no tiene. Sin embargo, el orgullo que profesas, realmente te libera o te limita, por orgullo dejo de hablarle a un amigo que ahora tiene novia y todos los demás hemos pasado a segundo plano, por orgullo corto comunicación con mi familia, porque ya he sufrido suficiente, por orgullo camino denigrando con la mirada a mis semejantes, por orgullo no pregunto, mejor me hago la que me lo sé (ja ja ja, perdón es inevitable reírme), pero es tan real, en nombre de conservar nuestro “orgullo”, como si hablaramos de nuestro amor propio o de la misma dignidad humana, llegamos a tener actitudes que luego nosotros mismos nos reprochamos, en silencio, pero con culpa.

Me prometés que te vas a comprometer a respetar la vida que tenés, dejando los orgullos insanos a un lado. Será un gran acto de amor para con vos mismo, de esos que te hacen sentir libre.

*La autora es Especialista en Responsabilidad Social y creadora del blog Vida Socialmente Responsable


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