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Opinión por Lyhelis Torres,

Hay una frase requete popular: “Las apariencias engañan”. Y al escribirla me provoca una sonrisa maliciosa, el tema es tratado como un tabú, nadie quiere mencionar esa palabra, “apariencias”, porque representa algo negativo, sin contenido, vacío, falto de realidad. Y en efecto, es que la palabra tiene una cognotación dura, porque a diario muchos vivimos de apariencias y no queremos reconocerlo.

“Sonrío en vez de llorar”, y ¿Por qué no llorar con una sonrisa en el rosto? Llorar no es malo, es parte de la realidad humana, no todo es color de rosa, es válido una lagrimita o un buen berrinche (siempre y cuando lo hagamos llenos de intención positiva, para liberarnos, sin martirizar o manipular a nadie). ¿Por qué guardar las apariencias? Porque no nos sentimos en confianza, porque nos da pena, porque creemos que nos van a juzgar. ¡Pues no se vale vivir así!

La honestidad es un valor en vías de extinción, pongamos atención, retomemos ese diálogo interno, conectemos con nuestro niño(a) pequeño(a), les aseguro que el esfuerzo y el enfoque lo vale. ¡Lo merecemos! Y solo podremos dárnoslo nosotros(as), pues no es responsabilidad de nadie más que de uno(a) mismo(a). Por favor, no dudés al respecto, duda sobre el clima, sobre el amor eterno, sobre el fin del mundo, pero no se te ocurra dudar sobre el poder de tu mente, de la fuerza de tu “Yo” interior, de la trascendencia de tu conciencia en esta vida.

Ayer tenía una reunión importante, pero a la vez, tenía días lidiando con la redacción de un informe supercomplicado que definía mi trabajo de semanas atrás, el informe lo terminé una hora y cuarto antes y aún no me había ni bañado (se imaginan, me entró el sofoquín y me lancé a la corredera). Llegué a tiempo a la reunión, todo se desarrolló mejor de lo esperado, cumplí el objetivo. Sin embargo, mi estrés se incrementó, justo en el momento en que ví el tiempo apretado y supe que no podría ir al salón a arreglarme el cabello, entre que me vestía y alistaba mi mochila, mi pensamiento positivo entró en acción y de pronto me decía a mí misma: “Si te van a contratar, no será por el look de tu cabello, sino por las ideas que tienes en la cabeza”. Y ¡boom!, ese fue el primer contacto con la realidad, de ese día.

Luego, un amigo conversándome sobre su portafolio de servicios me decía que tenía unos clientes en Panamá que querían conocerlo, me alegró, lo felicité y le pregunté si ya había pensado en su look, al final me dijo: “sencillo, nada que yo no sea, al final quieren al cerebro de esa producción, no a mi apariencia”. Y ¡boom!, ese fue el segundo contacto con mi realidad, el mismo día.

Señoras y señores, hay un mundo civilizado allá afuera, donde las apariencias no son importantes, donde el estilo de vestir no define lo que somos, donde como lucimos no significa como vivimos, donde hay seres humanos que preferimos SER a TENER; donde nuestra personalidad es más acogedora que una mansión, donde ser genuinos es más real que una cuenta por pagar, donde la gente merece ser tratada por igual, tenga o no tenga, un título pomposo; siempre y cuando, tenga amor propio y respeto por su entorno.

Vamos, invitame a tener ese tercer ¡boom!, con la realidad, dame con tu ejemplo esa experiencia extraordinaria, con la que construís un “Vos” libre, sin apariencias.

*La autora es Especialista en Responsabilidad Social y creadora del blog Vida Socialmente Responsable


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