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Opinión por Lyhelis Torres,

Al impulsar el concepto de “Vida Socialmente Responsable”, es decir, aplicar el modelo de gestión de la Responsabilidad Social hacia las diversas temáticas que acompañan a diario al individuo(a), nos encontramos con una cantidad de circunstancias en las que podemos actuar con conciencia y marcar la diferencia. Y con la práctica convertirlo en nuestro estilo de vida. En este particular las amistades no son una excepción, al contrario, son un importante agente de cambio en nuestras vidas, para lograr el objetivo deseado.

Las amistades integran nuestra red de apoyo, por lo que es muy importante que te tomés el tiempo de elegirlas con cuidado, al igual que tu pareja amorosa, estás iniciando una relación en donde habrá intercambios de todo tipo, se generará un entorno de confianza, de complicidad, nacerán afectos y seguramente, vendrán también muchas revelaciones, agradables y no muy agradables.

¿Has escuchado alguna vez sobre el término “amistades verdaderas”? Creo que incluso hay películas con esa frase, porque al igual que el amor, es un tema relevante para nosotros, pues por nuestra naturaleza procuramos socializar, conocer gente, compartir nuevas experiencias, crear amistades sólidas y crecer bien acompañado en ese proceso que llamamos vivir.

Sin embargo, ¿qué caracteriza de “verdadera” a una amistad? ¿Es que acaso hay “amistades” falsas, irreales o interesadas? ¿Y qué hay con esas amistades con tono de sexo casual? Y me pregunto: ¿cómo saber que la persona (es decir, el buen conocido o la buena conocida con quien compartimos más seguido) no es más que eso, solo un conocido(a)?

Es quizá la amistad un concepto que se construye en el tiempo, o podemos tener conocidos de toda la vida que nunca serán realmente nuestros amigos(as). Pues sí, sí aplica esa opción. Hace unos años, en ese proceso de reconstruir mi red de apoyo (porque las circunstancias de la vida se encargan de que una(o) se dé cuenta de quiénes son sus verdaderos amigos(as)), me atreví a preguntarle a una buena conocida a quien admiro por sus letras en Facebook, directas y sin maquillajes, que si los seres humanos podríamos tener amistades sin necesidad de tener “interés personal” sobre esa persona, es decir, sos mi amiga por lo que valés como ser humano, porque te admiro, por la complicidad brindada, las emociones involucradas, no porque me invitás a tu casa seguido, no porque me patrocinás la salida de los viernes, no porque tenés piscina, no porque “nunca me decís que no”. Es decir, soy tu amigo, no “porque quiero con vos”, sino porque juntos nos la pasamos de maravilla, en donde el único interés que existe es el bienestar común.

Ella me respondió que “una amistad es una caja de sorpresas que se obtendrá del otro lo que ande en su mente y corazón, que por eso es importante observar mucho, mientras transcurre el tiempo”. Ahora entiendo que esto es como el sombrero de un mago, del que se espera que salga lealtad, respeto, confianza, estima, fidelidad y cariño. Y aquí va mi aporte a la causa, si “tus amigos(a)” te brindan quejas, lamentos, críticas destructivas, cuechos y mala vibra, en realidad no desean ser tus amigos(as), simplemente te están utilizando como su basurero emocional. En ese momento huye y aplica la selectividad.

La vida tiene altos y bajos, los amigos y amigas verdaderas sabrán estar en ambos momentos. Y cuando alguien no suma, aunque le estimes mucho, es más sano guardar distancia. Cierro citando a Frida Kahlo: “A veces tienes que olvidar lo que sientes… y recordar lo que mereces”.

*La autora es Especialista en Responsabilidad Social y creadora del blog Vida Socialmente Responsable


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