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Opinión por Elaine Miranda,

Hace un par de años leí un libro llamado “Las mujeres que aman demasiado”, escrito por Robin Norwood. En él, la autora describe cómo muchas mujeres pasamos por relaciones tormentosas, soportando lo que sea en nombre del “amor” y sufriendo más que disfrutando de esas relaciones. Aunque dedica su mayor atención a parejas nocivas, que incluyen hombres adictos al alcohol y las drogas, violentos y desocupados, se me ocurrió que esto de amar demasiado también aplica a lo que gastamos.

Sí, así como lo leen: a como he vivido la experiencia, he conocido también a muchas mujeres que cuando están “enamoradas” gastan hasta lo que no tienen; como me dijo un día mi amiga, la abogada: cuando yo estoy soltera gasto menos y ahorro más que cuando tengo pareja.

La creencia general, especialmente de los hombres, es que son ellos quienes ven sus gastos aumentados al estar dentro de una relación, por aquello de que “el hombre es el que invita y paga”. Sin embargo, la experiencia y la observación me han llevado a la conclusión de que las mujeres también gastamos –y mucho–, tanto al inicio de la relación como cuando estamos locamente apendejadas enamoradas.

Verán, cuando la relación está por empezar, hay invitaciones y salidas por todos lados. A pesar de que los hombres normalmente pagan por estas salidas, en esos tiempos son más y más las mujeres que, por lo menos, pagan la mitad de la cuenta. Y de no ser así, si contamos el gasto en que incurren las mujeres para verse guapas frente a los hombres en ropa, zapatos y salones de belleza, les aseguro que la cifra resulta mayor de lo que ellos se pueden imaginar.

Ahora, pasado un tiempo en la relación y adentrándonos al tema de “amar demasiado”, las cosas en las que pueden gastar algunas mujeres podría sorprenderlos. Personalmente, conozco historias de mujeres –jóvenes y maduras– que han financiado todas y cada una de las salidas con sus parejas porque “pobrecito, él no tiene suficiente dinero”; mujeres que han permitido que sus hombres se muden con ellas a su casa, sin que estos paguen un solo peso de renta, servicios básicos o comida; mujeres que estando fuera del país, han enviado dinero a sus exparejas (con la esperanza de volver con ellos) cuando ellas mismas apenas hacían lo suficiente para sobrevivir; mujeres que han perdido sus casas, sus carros y hasta sus trabajos en nombre del amor.

Y es que parece que crecimos con la noción de que “en nombre del amor, todo se vale”. Y no es así. Ningún amor de pareja puede ni debe ser incondicional. Como dice Walter Riso, en su libro “Los límites del amor”, hay tres límites que ninguna persona puede aguantar en una relación: que la otra persona no respete tus valores ni principios, que sepas categóricamente que no te quiere y no quiere estar con vos, y que sea alguien que en lugar de animarte a ser mejor, te detenga.

Así que hombres: no solo ustedes gastan dentro de una relación, las mujeres también gastamos… y mucho. Y mujeres: no hay razón para gastar de más. La persona que te quiere, te va a querer con o sin esos gastos.

La columnista es experta en finanzas personales. Autora del blog Plata con Plática


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