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Opinión por Elaine Miranda,

El otro día, mientras leía un post del blog de Marc and Angel Hack, me encontré esta frase que simplemente me encantó: “El corazón de la excelencia humana a menudo comienza a latir cuando descubres una actividad que te absorbe, te libera, te reta y te da un sentido de significado, alegría y pasión”. Se refería a la posibilidad de encontrar un trabajo que te guste tanto que, en palabras de Confucio, no tengás que trabajar un solo día en tu vida.

Todas y todos tenemos dos caminos laborales: o seguimos la autopista más transitada de trabajar para una empresa, o decidimos arriesgarnos y seguir por nuestra cuenta. ¿Cuál de las dos es mejor? No hay una respuesta correcta, pues con cualquiera de los dos caminos se puede ser feliz, exitoso y se puede encontrar la realización; todo depende de quiénes somos, lo que nos guste y lo que queramos.

Algo es cierto, sin importar la ruta que hasta hoy hayás tomado, siempre podés cambiar de opinión, virar tu carro y doblar en la siguiente salida. Casos de personas con largas trayectorias empresariales que deciden arriesgarse a empezar algo propio son más comunes que lo contrario… pero también pasa. Y cambiar de dirección, en búsqueda de lo que nos apasiona y hace feliz no está condenado.

Y ese es el punto: no importa si sos de los que te gusta la seguridad de un salario fijo cada mes o la aventura e incertidumbre de trabajar por tu cuenta, que estés haciendo lo que te guste. Un gran hombre taiwanés, de nombre S.H. Lee, me enseñó en su clase de Confucionismo que el trabajo perfecto debía tener tres características:

• Convicción: Vale la pena hacerlo.
• Capacidad: Lo puedo hacer bien.
• Pasión: Amo hacerlo.

Yo soy lo suficientemente dichosa de haber encontrado lo que él llamó el “mandato del cielo” a una –no tan- corta edad, y lo encontré en las finanzas personales. Cuando hacés lo que te apasiona, te das cuenta que no es la cantidad de dinero que hacés, lo que a la larga te hace feliz, sino tener un trabajo que te satisface.

Estando joven y sin responsabilidades encima –llámese pareja, hijos, hogar, etc.- es sin dudas el mejor momento para tomar riesgos, equivocarte, descubrir, cambiar y volver a cambiar de opinión, porque, bueno, lo peor que puede pasar es que te quedés en tu casa sin salir. Pero aun con algunas responsabilidades, arriesgarte con el fin  de descubrir tu verdadera pasión es válido y realizable, solo tenés que tomar algunas medidas de precaución, como tener listo un fondo de emergencia.

Si en este momento estás considerando emprender o lanzarte al mundo por tu cuenta, recordá que si continuás esperando por el momento correcto, nunca lo vas a hacer. Nunca hay un momento perfecto para empezar un negocio y tomar riesgos… seguirás esperando el resto de tu vida. ¡El momento es ahora!

Al final, tu trabajo es descubrir cuál es tu trabajo ideal y después, con todo el corazón, dedicarte y entregarte a eso que te apasiona. Después de todo, no hay mejor sentimiento en el mundo, que te paguen por hacer lo que amás.

La columnista es experta en finanzas personales. Autora del blog Plata con Plática


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