/Agencia
/Agencia

Opinión por Lyhelis Torres,

Suelo dar gracias por todo, pero hoy 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, quiero dar gracias infinitas por mi feminidad, por ser en esencia mujer, por tener esas cualidades particulares, esos atributos y características que me hacen sentirme plena y aceptarme como mujer.

Para escribir el artículo de hoy, me he dado a la tarea de observar, (más de lo normal), a las mujeres de mi entorno. Y antes de continuar con la lectura, te invito a que girés tu rostro 180 grados, de izquierda a derecha, y veas con detenimiento a las mujeres que están a tu alrededor. ¿Qué observaste? ¿Qué fue lo que más te llamó la atención?

Encontré mucha satisfacción en este ejercicio, sentí empatía, me despertó sonrisas y miradas amables de complicidad. Miré todo tipo de mujeres, llenas de color, jóvenes, adultas, adolescentes, profesionales, entaconadas, de esas que caminan con seguridad y firmeza, miré gente relajada -que disfrutaba de un buen libro- observé la sonrisa de las abuelitas y la ternura en la mirada de quien amamanta a su hijo(a) o lo acurruca en su pecho. Miré mujeres embarazadas que al caminar posan su mano bajo su panza, en un gesto de protección. Bueno, ¿qué no miré? Y es que las mujeres somos tan multifacéticas e integrales, que es sorprendente todo lo que podemos encontrar al admirarnos.

Todo el tiempo estamos desempeñando diversos roles. No sé cómo hacen muchas mujeres para encontrar balance para dejar al niño en el preescolar, administrar el hogar, cumplir sus labores profesionales, tener vida social, seguir estudiando, volver a casa y hacer tareas del cole, arrullar a los niños(as), tomar una ducha y compartir con su marido. ¡Solo de pensarlo me agota!

Y es que en ocasiones, este ritmo de vida parece más una tragicomedia para muchas mujeres, (si no es que para todas en el mundo entero), cuando no cuentan con el apoyo de una pareja responsable o de un tercero que sea respaldo y soporte en la dinámica diaria. Das la batalla un tiempo, cuando la motivación de ser la mejor mamá, la mejor esposa, la mejor hija, la mejor hermana, la mejor amiga, la mejor, la mejor, la mejor… hasta que de pronto BOOM, ¡explotás! -Y me pregunto- A las mujeres, ¿quién nos enseñó que debíamos ser “la mejor” en todo? Cuando solo necesitamos ser la mejor versión de nosotras mismas, dentro de nuestras posibilidades y limitaciones.

He visto, escuchado y acompañado a muchas amigas que mientras hablan hacen un recorrido secuencial de como sus vidas han ido cambiando, pasaron de ser jóvenes extrovertidas, independientes y profesionales, a ser esposas, madres, emprendedoras, pero con una actitud un poco pasiva, agotada y profesionalmente estancadas. Literalmente, en busca de la felicidad.

Siempre digo que las dificultades o retos en la vida son oportunidades que traen cambios positivos y crecimiento personal, si nosotros así lo queremos. Ver a esos prototipos de diosas, contar sus historias de vida, me hace pensar que ellas estan viendo la oportunidad de reencontrarte consigo mismas.

Tu momento es hoy, si ya vino la idea a tu mente, si ya te cuestionaste la vida que estás llevando, los roles que estas jugando… quizás es momento de vivir el cambio.
¡Feliz día, porque todos los días son nuestro día!
La autora es especialista en Responsabilidad Social


Noticias Relacionadas