Imagen referencial. /xataka.com
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Opinión por Elaine Miranda,

Recuerdo que durante el primer año de secundaria nos llevaron en una ocasión a un salón de música en el colegio, nos dieron la letra de “No basta” de Franco de Vita y pusieron la canción. Luego nos pidieron que escogiéramos las 2 frases con las que más nos relacionábamos y uno a uno la compartió con los demás. ¿Saben ustedes cuál fue la frase más sonada? “Todo por culpa del maldito trabajo y del tiempo”.

Pues bien, las fiestas decembrinas ya pasaron y nos queda la famosa cuesta de enero, ¿has analizado por qué gastaste de más? Claro, uno inevitablemente se emociona con las fechas y así como se pasa de tragos, se pasa también de compras… pero también hay muchos que gastaron de más por culpa.

El recuerdo de la secundaria viene a colación porque muchos padres se exceden en gastos navideños para sus hijos, como una manera de compensar –consciente o inconscientemente- el tiempo que no pasan con ellos durante el resto del año porque están trabajando.

Como este tema no tiene que ver tanto con el manejo del dinero, como con el manejo de las emociones, le pedí a mi psicólogo favorito que nos iluminara un poco. Esto fue lo que me dijo:

“Algunas situaciones que nos llevan a sentirnos culpables son: vivir fuera del país, tener un horario de más de 8 horas laborales, tener un amante, no haber deseado (o al menos creerlo así) a los hijos, etc. Esta forma de analizar la situación personal, es algo que aprendimos desde pequeños, muchos sentimientos de culpa surgen cuando no podemos cumplir con los altos estándares que otras personas o nosotros mismos nos hemos impuesto.

La culpa, entonces, si no sabemos cómo solucionarla, puede generar ansiedad, depresión, baja autoestima y muchos otros problemas. Si nos referimos a los hijos, el compensar nuestras ausencias o sentimientos de culpa dándoles todo lo que piden, lo único que provoca, es que ellos se sientan no amados (igual que si no los atendiéramos). Es mucho mejor enseñarles a tener límites, enseñarles que cuando se puede, se le da, y cuando no se puede, no se le da.

Algunas soluciones sugeridas incluyen descubrir y resolver contratiempos del pasado y lograr que los códigos morales o las expectativas sean menos exigentes. Cuarenta y ocho horas de tareas no se pueden hacer en un día de veinticuatro horas, así que no se autocastigue cuando lleva a cabo solo la mitad de su ambiciosa lista de cosas por hacer. Quizá autorecompensarse ocasionalmente es mejor que autocastigarse.

Todos tenemos derecho a ser felices, y con ello podremos brindarle felicidad a los seres queridos y a todos los que nos rodean”.

Así, el sentimiento de culpa son tus valores más profundos diciéndote “la estás regando”. A mí me parece que tenemos 2 opciones:

1.Tratar de ignorar el sentimiento y seguir comprando y gastando hasta que la culpa desaparezca momentáneamente.

2.Afrontar la realidad y analizar si realmente es justo que te sintás culpable.

En conclusión, gastar porque te sentís culpable puede afectar significativamente tus finanzas, pues la culpa bloquea nuestra visión y nos hace pensar que no importa si esa compra o gasto nos lleva a endeudarnos, hay que hacerlo para sacar la culpa de nuestro corazón. Al final, una cosa no compensa la otra.

La autora es experta en finanzas personales. Autora del blog Plata con Plática


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