Nacionales por Velia Agurcia Rivas,

Después de un accidente de tránsito en el que Inés Espinoza debió pasar varios meses en una silla de ruedas, la entonces profesora de secundaria en un colegio público de San Judas, aprendió un oficio que se convirtió en la piedra angular de su negocio.

“Aprendí a hacer piñatas como terapia, porque me sentía triste sin hacer nada, yo siempre he sido muy activa”, cuenta.

Más tarde, como “veía que las piñatas eran algo eventual”, decidió vender cereales nutritivos con semillas orgánicas, sin químicos ni aditivos.

“Tenía tres cereales en venta –pinol blanco, pinolillo y semilla de jícaro-, ahora tengo 22 productos. Mi negocio es familiar, sin embargo, hemos crecido grandemente. Le damos respuesta a cada segmento, tenemos cereales infantiles, para el que trabaja, para el que desea adelgazar, entre otros”, comenta.

Ese paso lo dio gracias a lo aprendido en una capacitación que ofreció el centro social Vega Baja a 20 mujeres emprendedoras de Managua. “Para mí fue como la luz  en el túnel. Estoy acostumbrada a hacer negocios, hacía y vendía, pero no sabía cuánto ganaba, cuánto invertía, si estaba funcionando, revolvía el dinero de la casa con el del negocio”, señala.

Ahora ha mejorado también su capacidad de producción de piñatas, que miden 1,30 metros por 75 centímetros de ancho. Estas son vendidas a instituciones como el Ministerio de Economía Familiar Comunitaria, Cooperativa y Asociativa y el Banco Central de Nicaragua (BCN), gracias a una licitación que se le adjudicó recientemente.

También tiene un puesto de venta en la Feria de Economía Familiar y próximamente estará presente en el Tiangue Hugo Chávez.

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