Nacionales por Leyla Jarquín,

Estadísticas del Instituto de Medicina Legal (IML) muestran que en el 65% de los casos los agresores son conocidos o familiares de las víctimas.

El abuso sexual, cuyas principales víctimas en Nicaragua son los menores de 17 años, es un enemigo que está en casa.

Solo en el 2014, de los 6.052 peritajes clínicos por abuso sexual que realizó el IML, 5.035 fueron niños, niñas y adolescentes de 0 a 17 años, lo cual equivale al 83% de los casos. Sin embargo, el pasado lunes dicha entidad informó que durante el 2015 el 90% de las víctimas fueron menores de edad de 0 a 13 años.

Las estadísticas del 2014 del IML también muestran que en la mayoría de los casos, los abusadores son conocidos (35%), novios (9%) o familiares de las víctimas (11%), además que el delito ocurre, principalmente, en el domicilio de estas (44%) o en la casa del agresor (26%).

La semana pasada, el director del IML, Zacarías Duarte, señaló que el 90% de casos de violencia sexual atendidos en 2015 correspondieron a menores de edad. Sin embargo, no especificó la cantidad.

Según cifras oficiales, en 2014 el 44% de los casos ocurrió en el domicilio de la víctima, y otro 26% en la casa del agresor.

Alba Luz Salgado Dávila, especialista en sicología infantil, explicó que antes de la perpetración del abuso hay una serie de acciones por parte del victimario para captar la atención y ganarse el cariño de sus víctimas. “Los abusadores, más cuando son cercanos, siempre abordan a los niños dándoles confianza, sembrando amor, dándoles regalos, es decir, crean un lazo fuerte y el niño o niña llega a quererlos”, dijo.

La especialista advierte que luego de crear esa relación con su víctima, el abusador comienza con los tocamientos y otro tipo de vejaciones, por lo que también empieza a intimidar al niño, niña o adolescentes y a amenazarlos para que no cuenten a nadie del abuso.yy

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La amenaza más usual es que le harán daño a sus familiares, aunque también les advierten que si dicen algo nadie les va a creer.

En esta etapa es cuando los padres pueden percibir ciertas señales, ya que la víctima comienza a mostrar cambios en su comportamiento a los que los padres deben estar atentos, siendo uno de los más importantes el hecho que, de un día para otro, el niño, niña o adolescente ya no quiere compartir momentos con su victimario.

El sicólogo clínico Mario Leiva Loredo apuntó que los cambios varían de acuerdo a cada persona, pero que, en general, aparte de rechazar participar en actividades sociales y mostrar bajo rendimiento académico, así falta de sueño y apetito, las víctimas comienzan a tener un comportamiento sexualizado que no corresponde a su edad.

Apoyo es vital
El especialista destacó que una regla universal para evitar el abuso sexual en niños, niñas y adolescentes es creerles y no poner en tela de duda lo que dicen.

“En la medida que el niño sienta que tiene el apoyo de la familia, que lo escuchan y le ponen atención, en esa medida va a tener confianza para contar lo que pasa (…)  un niño no puede imaginar un hecho de abuso sexual sin haberlo vivido”.

Tanto Salgado Dávila como Leiva Loredo señalaron que una reacción típica en un menor de edad que está sufriendo abuso sexual es que de un día para otro deja de querer compartir con el victimario y, lamentablemente, en la mayoría de los casos la familia no contribuye al asumir que se trata de un acto de rebeldía sin razón y obligándolo a saludar y ser cariñoso con esa persona.

Leé también Disminuyen abusos sexuales a niños.


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