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Alegres. Bullangueras. Risas y carcajadas francas. Son las mujeres que no reparan en sus emociones para expresar que están iniciando una nueva vida, libres ya del cáncer de mama.

En la recepción de la Fundación Ortiz Gurdián nos encontramos con una decena de mujeres, quienes ahora dan su testimonio de lo vivido mientras convivieron con esta mortal enfermedad. Tal si hubiesen crecido juntas, la alegría de reencontrarse era notoria en la sala y se actualizaban de sus últimas actividades.

Miriam Membreño, una de ellas, cuenta que es una actitud que se adopta en “este renacer, en esta nueva oportunidad que nos regala el Señor” porque conocen la dimensión completa de la vida. “Es que una se vuelve más humana, más solidaria, más comprensiva porque una ya conoce ese dolor, ya hemos vivido y sufrido ese terrible dolor”, sostiene.

Por su parte, Yelba Díaz cuenta la anécdota de cuando se enteró del diagnóstico de una jovencita: “Cuando me di cuenta de la muchacha que fue diagnosticada con cáncer de mama, igual que a todas nosotras ella se desplomó, sufrió y yo lloré por ella sin conocerla porque sé que es difícil, quería tener su número de teléfono y llamarla para decirle que tuviera fe, que estaba en buenas manos, que tuviera fuerzas porque ella se iba a reponer, que confiara en Dios y en la Fundación”.

Ahora ella, junto con otras 150 sobrevivientes de cáncer de mamas, forma parte de un batallón de voluntarias que están “conectadas” con las mujeres de su barrio, a quienes les dan charlas sobre lo importante que es detectarse la enfermedad a tiempo.

Es la única manera en que una mujer se pueda salvar de la muerte, detectándose con tiempo para tener la oportunidad de sobrevivir. “Se dice hasta el cansancio, pero cuando damos nuestro testimonio, ellas podrán comprender mejor de lo que le estamos hablando, por eso cuando nos damos cuenta de una mujer que tiene probabilidades de padecer cáncer de mamas, nos acercamos y la convencemos de que venga a la Fundación”, cuenta Yelba Díaz.

El trauma que se vive cuando son diagnosticadas positivamente parece ser un guion a seguir por todas. “El impacto de la noticia te hace sentir que el mundo se te viene encima y te desorientás”, comenta María Isabel Páramo. “Es que una siente que se va a morir, que no se tiene esperanzas y una comienza a pensar en sus hijos, en su familia, qué pasará con ellos”, refiere Membreño.

“Pero es que una no cree que esto le puede pasar a uno, tal vez porque se es joven, porque no se tiene hijos, porque se vive sanamente, pero no, el cáncer de mama no anda viendo si sos joven, si sos bonita o fea, no ve condición ni color, te da y punto”, nos cuenta Aura Alicia, una joven que durante el proceso fue abandonada por su pareja y que, ya desde esta nueva oportunidad de vida, no ve el asunto como algo trascendental. “Una aprende a quererse a sí misma, si se fue, mejor”, cuenta orgullosa.

Aparte del impacto que reciben con la noticia de ser diagnosticadas positivamente, ellas comparten que sufren por la estética y por la mastectomía que se les practica. “Claro que se sufre por cómo se ve físicamente, verse calva, sin pestañas, con un trapo en la cabeza que te hace ver y sentir enferma es traumático, pero yo les digo a las mujeres que no se preocupen por eso, que eso se supera y el pelo vuelve a nacer, ¡mira qué grande que está mi cabello y eso que tiene un año de cuando me volvió a nacer!”, expresa Aura Alicia Casaya, una de las más alegres del grupo de sobrevivientes, quienes cada día van en busca de concientizar a toda mujer que encuentre para que, como ellas, sean parte de las sobrevivientes de este terrible mal, considerada la segunda causa de muerte en nuestro país.


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