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Unos 22 nicaragüenses de cada cien sufren de obesidad, de acuerdo con un informe publicado recientemente por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Si bien el país no lidera las cifras de población obesa, se estima que 1.334,000 de nicaragüenses son afectados por el exceso de peso y esto tiene incidencia en enfermedades que cada vez son más comunes en el país como es el caso de la diabetes, que en 2014 fue la principal causa de muerte en el sistema de salud pública o clínicas previsionales.

En la región, 130 millones de personas tienen sobrepeso y obesidad, una realidad que afecta en gran medida desde la niñez, generando así obesos adultos. De acuerdo con esta organización, en las últimas tres décadas a nivel mundial el número de niños obesos aumentó en un 47%.

Brenda Ayerdis, coordinadora de la Liga de Defensa al Consumidor de Nicaragua (Lideconic), estima que parte de esta problemática se debe al gran consumo de comida chatarra y malos hábitos alimenticios.

Esto a pesar de que en los centros educativos desde 2007 se dispuso mediante un acuerdo del Ministerio de Educación (Mined) que en los cafetines escolares solo puede venderse alimentos nutritivos.

En 2009, Lideconic presentó un estudio realizado en varios centros de Honduras y El Salvador, en los que se evidenciaba la relación entre el consumo de la comida chatarra y diabetes, sobrepeso, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer.

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“De acuerdo con un monitoreo que se ha hecho en las escuelas, vemos que hay mucha comida chatarra de venta. Alrededor del 95% de los productos que se venden en los kioscos escolares es comida chatarra”, manifestó Ayerdis.

Con el fin de cambiar los hábitos de consumo, desde su organización se inició un proyecto que incluyó a una docena de centros educativos en los que, además de lograr que se aumentara la oferta a productos naturales, se desarrollaron campañas educativas para sensibilizar a alumnos, docentes, directores, administradores de los kioscos escolares y padres de familia sobre la importancia de la buena alimentación.

“Cuando damos a conocer los efectos de la comida chatarra en la salud, todo mundo va para atrás. Sabés que estás haciendo un daño a tu salud y como docente se tiene que orientar a los niños”, advirtió.

En relación con la normativa, Ayerdis aduce que quienes deben velar por el cumplimiento de las disposiciones del Mined son los directores de los colegios, ya que además, “indirectamente el Mined a través de la Merienda escolar hace su parte, pero nadie regula lo que se vende en los colegios y eso le toca a los administradores escolares”.

Además, desde 2013 se introdujo en la Asamblea Nacional una iniciativa de ley que busca prevenir la diabetes y entre sus normativas establece la regulación o prohibición de la comercialización de la comida chatarra en centros escolares. Sin embargo, esta no ha tenido mayores avances a la fecha.

Por Velia Agurcia Rivas

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