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Y después del cáncer, ¿qué?

Más de 150 mujeres conforman un batallón particular después de haber sobrevivido al cáncer de mamas

La sala donde pasaron horas en sesiones de quimioterapia, en su lucha contra el cáncer de mama, se transforma en un aula de clases donde aprenden a elaborar collares, aretes y todo aquello que su imaginación les dicte. A estas clases le llaman bisuterapia y son impartidas una vez al mes, para aquellas mujeres que integran un batallón bastante particular dentro de la Fundación Ortiz Gurdián (FOG). Conforman el voluntariado contra el cáncer de mama y en sus comunidades se han convertido en referente para todas las mujeres de su entorno. Una de ellas es la señora Paula Azucena Escobar, originaria del anexo al barrio La Providencia, en León, quien recuerda cómo pasó algunos meses de su vida luchando contra esta enfermedad.
“Aquí nos reunimos para aprender y compartir, no solo entre nosotras las sobrevivientes, sino también con las nuevas que están llevando su tratamiento, para que sepan que se sobrevive, que Dios nos da la vida y debemos estar agradecidas y cumplir una misión importante que es decirle a otras mujeres en nuestro barrio, a las que nos dan la oportunidad de hablarles en el mercado, en la parada de buses, de lo importante que es hacerse el autoexamen y descubrir la enfermedad a tiempo”, dice doña Paula.

Por su parte Gabriela Villa Guerrero, instructora voluntaria de bisuterapia, señala que este espacio es de suma importancia para las mujeres porque está comprobado que hacer manualidades te ayuda a desestresar a las personas, pero además en este caso les permite a mujeres de escasos recursos tener una alternativa económica en sus hogares. “Mi trabajo es voluntario y es un verdadero honor ayudar de esta manera. Yo viví de cerca esta enfermedad con un familiar y en esas largas horas de espera a los tratamientos, comencé a aprender bisutería y es una terapia completa, te relaja, te desestresa, te genera nuevas ideas, te motiva a continuar y verlas reír, admirarse con lo que pueden hacer, es una gran satisfacción”, dijo Villa. Este es el quinto taller de bisuterapia que tienen las voluntarias de la FOG, quienes han encontrado también un espacio para darse ánimo.

“Las mujeres siempre estamos en función de nuestros hogares, los hijos, la familia. Cuando te dan el diagnóstico de cáncer de mamas hay un impacto en todos los sentidos, así que este espacio de compartir, de olvidarse de los problemas de la casa, de estar con personas con una lucha similar, permite que las mismas mujeres aumenten su autoestima, sepan que son valiosas, que son creadoras y por eso es bisuterapia”, agregó Gabriela. Annie Ortiz Gurdián, directora ejecutiva de la Fundación Ortiz Gurdián, expresó que la labor de capacitación y concientización que las voluntarias hacen es incalculable, sobre todo porque ellas sin ganar por ello, solo por el deseo de ayudar a otras, dan sus testimonios y son en algunos casos enlaces de mujeres con la Fundación.

“Siempre lo comento, no es lo mismo que llegue yo a hablar de cáncer de mama con una mujer en una comunidad, a que sea su vecina o conocida porque confiará más en ella, así que nosotros valoramos mucho su trabajo”, dijo. De esto puede dar fe la señora María Asunción González, de 61 años, originaria de Jinotega a quien una amiga de su hermana llamada Gloria, sobreviviente de cáncer, la contactó cuando supo de su diagnóstico y la llevó a la Fundación. El número de voluntarias fluctúa entre 100 y 150, pero siempre están dispuestas a apoyar en las actividades. “Yo me digo siempre que Dios me ha dado otra oportunidad y yo debo ayudar a otras mujeres para que como yo puedan disfrutar de sus hijos, sus nietos, sus familias y creo que eso buscamos todas con lo que hacemos, no importa quién sea, todos merecemos seguir viviendo y tener más oportunidades”, concluyó doña Paula.


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