Bianca Jagger. Cortesía/Metro
Bianca Jagger. Cortesía/Metro

Destacado, Nacionales por Mauricio Barrantes,

Como la líder innata que es, Bianca Jagger inclina un poco su cuerpo hacia delante y fija su mirada en el periodista cuando habla de los temas que más le apasionan. A ella hay que convencerla de que cada pregunta vale la pena y que el tiempo allí es una oportunidad para el medio de comunicación y no un favor para el entrevistado. La activista sabe que no está allí para entretener a los asistentes con anécdotas irrelevantes, sino para insistir en las denuncias que ha hecho acerca de las violaciones a los derechos humanos en Nicaragua y compartir su postura frente a otras realidades latinoamericanas.

Como mujer ha tenido que superar el machismo histórico de la región para alzar su voz y defender a la población vulnerable. Desde las redes sociales, desde su fundación, desde escenarios políticos y desde festivales como el Hay , Bianca Jagger tiene claro que más allá del lugar en el que la inviten a debatir, lo importante es que más personas puedan sensibilizarse ante la realidad de aquellos a quienes le están reprimiendo sus libertades individuales y también incidir para que organismos internacionales actúen en la resolución de los conflictos.

“Los artistas, escultores e intelectuales pueden y deben jugar un papel muy importante en defender los derechos humanos, la democracia, en abogar por la justicia y por la igualdad de género

Su rostro luce tranquilo y su tono de voz es firme cada vez que recuerda las injusticias que ha tenido que presenciar. El movimiento preciso y sutil de sus manos acompaña cada frase y demuestra que en su mente predomina la claridad que tiene para ver el mundo en el que decidió vivir y en el que eligió ser algo más que una simple testigo. Metro habló con ella, en el marco de este evento, sobre la situación actual de Nicaragua, los derechos humanos y el activismo contemporáneo.

Estuvo dando unas declaraciones, hace poco, sobre las desapariciones y asesinatos en Nicaragua. ¿Cuál debe ser el rol de las organizaciones internacionales (como la OEA y las ONG) para incidir sobre esta situación y generar algún tipo de cambio?

–La OEA en estos momentos juega un papel extremadamente importante. No solo en Nicaragua, también en Venezuela. Porque esta puede aplicarle la carta democrática a Nicaragua. Sería muy importante. Sabemos que muchos países lo están apoyando, pero que todavía hay ciertos países en Centroamérica y el Caribe que no están de acuerdo, pero yo espero que tal vez se den cuenta. Más, luego de haber visto las declaraciones que hizo la delegación de la UE , donde dijeron de una forma categórica que en Nicaragua nunca hubo un golpe de Estado, que en Nicaragua se estaban violando los derechos humanos, que era necesario que liberaran a todos los presos políticos y que era muy importante una reforma electoral para que hayan elecciones libres adelantadas. Asimismo, que vean el reporte que hizo la delegación de la OEA, donde declararon que en Nicaragua se estaban cometiendo crímenes de lesa humanidad.

La legendaria activista nicaragüense ha enfocado sus esfuerzos en defender los derechos humanos de su país, oprimido por el gobierno de Daniel Ortega

Quiere decir: ya está claro que en el país, que el régimen sanguinario de Daniel Ortega está cometiendo crímenes de lesa humanidad. Ya los reportes muestran que ha habido más de 500 muertos en los últimos 10 meses. Que ha habido más de 3 mil heridos.

Que ha habido cientas de desapariciones y más de 600 prisioneros políticos, entre los cuales se encuentran, inclusive, menores de edad y jóvenes estudiantes, algunos de ellos amigos míos, que están siendo torturados. Hay periodistas en las cárceles que están ahí simplemente por su profesión. No se les ha permitido ni siquiera una visita, donde tienen a campesinos que están siendo torturados y a jóvenes estudiantes en la misma condición que han logrado sacar cartas donde describen los abusos de los que son víctimas. Hay más de 50 periodistas que han tenido que huir de Nicaragua porque se les ha quitado la personería jurídica: les han confiscado sus equipos, también su casa, los lugares donde trabajaban. Asimismo, las organizaciones de derechos humanos importantes en el país han tenido que huir porque también les han quitado su situación jurídica. Entonces tienen una situación gravísima, donde los nicaragüenses han declarado una lucha pacífica donde no tienen armas y tienes a un régimen sanguinario que, con su Policía orteguista y los escuadrones de la muerte están asesinando a los ciudadanos inocentes. En el país simplemente llevar la bandera es un crimen.

¿Cómo podría tomar acciones la gente, aparte de las organizaciones internacionales?

–En Nicaragua tenemos un ‘catch 22’, un gran problema, porque en el país no tenemos líderes políticos. La única verdadera líder que yo he conocido en el país ha sido “La Chica” Ramírez. Se encuentra actualmente en Costa Rica. Es una líder campesina con quien yo marché en 2017, en lugares muy remotos. Los líderes en Nicaragua han sido los estudiantes. Los obispos, como Silvio Báez, al que están persiguiendo y amenazando de muerte. Han sido los rectores de universidad, como el padre Chepe de la UCA, que está siendo perseguido. Esos han sido los líderes de Nicaragua, junto con los periodistas. Los partidos políticos ya no tienen credibilidad; muchos de ellos se dejaron coaccionar por Daniel Ortega. Tampoco lograron oponerse como debían a él. Y por eso necesitamos nuevos líderes políticos. Esa es la diferencia por ejemplo con Venezuela, que tiene a Guaidó.

Hablando de Venezuela, vemos que en el régimen actual se han dado denuncias varias de violaciones a derechos humanos. ¿Cómo ve su situación?

–Con respecto a Venezuela, espero que se llegue a una solución que no sea militar. Estoy en contra de cualquier intervención militar de los Estados Unidos, pero sí espero que hayan sanciones contra Maduro y contra su régimen despótico. Pero allá existe esa diferencia: un líder que ha logrado cautivar a la población venezolana y ha convencido a la comunidad internacional de que es importante que le reconozcan como presidente interino. En Nicaragua, nosotros desgraciadamente no tenemos petróleo. Entonces la atención hacia mi país es menor. Somos una nación más pequeña, sin este recurso y que no recibe esta atención, aunque sí ha habido sanciones como las aplicadas hacia algunos miembros del régimen de Daniel Ortega e inclusive a Rosario Murillo, su vicepresidenta y esposa.

¿Cómo ha sido su activismo y su proceso siendo una mujer en una región donde lo político ha estado relegado hacia lo masculino por décadas?

–No puedo negar que la discriminación hacia la mujer sigue latente, no solo en Latinoamérica, sino en el mundo. Tenemos que luchar por reafirmar nuestra identidad y por cumplir el rol que nosotras jugamos. Hace poco tuve una entrevista y hablábamos de las redes sociales y el rol que yo juego en ellas. Dije que para mí han sido instrumentales. Para defender los derechos humanos, para dar voz a los defensores de derechos humanos en lugares remotos del mundo como Brasil o Afganistán, Siria e Irak. Esta persona me dijo: “pero es muy fácil para usted hablar de ello desde la comodidad de su apartamento en Londres”. Pero no. Yo he escrito desde mi cómodo apartamento en Londres, pero he estado en Irak, Afganistán, Guatemala, Brasil, El Salvador, Honduras. Y todos estos días he estado en Nicaragua.

El 30 de mayo, el día de esa gran marcha, donde hubo una terrible matanza, donde Daniel Ortega usó francotiradores contra la población, esta se estaba manifestando en la marcha llamada “Marcha por las Madres de Abril”, que era para reconocer y darles apoyo a las madres, cuyos hijos fueron asesinados en abril y mayo. Yo estuve allí mientras estaban asesinando a los nicaragüenses y estaba allí con un estudiante que ahora está preso y está siendo torturado. No, no lo hago desde la comodidad de mi apartamento. Hay 54 periodistas que han tenido que huir de Nicaragua. Ellos son los que están escribiendo en redes sociales lo que está pasando y yo estoy dándoles voz para tratar de ver cuáles son las informaciones que son legítimas y creíbles para darles difusión en las redes para que los medios lo incorporen.

En la región se ven todavía, a pesar de las movilizaciones, femicidios y casos que conmueven e indignan a la sociedad. ¿Qué hace falta para un cambio sustancial?

–Nosotras necesitamos continuar con nuestra lucha, siendo más contundentes en nuestras posiciones. Pero no solo lo veo en Latinoamérica. En cada Día de la Mujer, he dicho en discursos que debemos tener una revolución pacífica y ser cientos, miles, millones de mujeres que nos unamos a esta lucha para lograr esta igualdad de género donde las mujeres sean pagadas igual que los hombres y tengan sus mismos espacios. Y que de esta manera no seamos consideradas como “ambiciosas”, simplemente porque hay mujeres que quieren ocupar posiciones de poder en gobiernos, instituciones y negocios.

¿Cómo pasar de las redes a la acción concreta? Hemos visto ejemplos recientes, como los Chalecos Amarillos, en Francia.

–Hay una cosa que quiero aclarar al respecto de los Chalecos Amarillos: desgraciadamente, ellos han permitido que grupos más violentos los coaccionaran o se unieran a ellos. Yo hubiera esperado que ellos denunciaran esa violencia. En Nicaragua hicieron el compromiso de no emplear la violencia. Que esto es una lucha pacífica. Ahora, ¿cómo hacerlo? Pienso que no solo es el trabajo que he hecho en redes. También he hecho cabildeos a gobiernos, inclusive a miembros del Gobierno de los Estados Unidos, Unión Europea, a diferentes líderes y embajadores, con el alto comisionado de las Naciones Unidas. Continuamente estoy dando conferencias en diferentes países para informar al público sobre Nicaragua.


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