Destacado, Nacionales por Uriel Velásquez,

Elsa Valle describe a Metro los momentos más terribles que sufrió en El Chipote y en el penal de mujeres, tras ser capturada por protestar contra el gobierno de Nicaragua.

Tiene 19 años, confirma que está embarazada y el papá de la criatura es Tony Merlo, un joven estudiante que conoció en las protestas, asesinado por parapolicías el 23 de junio mientras resguardaba un tranque en el barrio 8 de Marzo. Pese a su estado, dice que no abandonará las calles.


Entre los abusos policiales que denuncia está el hacer que se desnudara en varias ocasiones, amenazar con violarla, evitar el contacto con sus familiares e incluso amenazar con matarla.

“Una terrorista como vos, ni derecho a la vida tiene”, le dijeron. Valle, la joven detenida por participar en las protestas estudiantiles contra el gobierno en la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli), describe las celdas de El Chipote y las del sistema penitenciario de mujeres en esta entrevista con Metro.

Los días más terribles

Elsa Valle dice que lo más dificíl de estar en El Chipote fue perder contacto con su familia. “Mientras estuve en El Chipote intenté muchas veces que me concedieran una llamada para hablar con mi familia, pero nos decían que las terroristas no teníamos derecho ni a una llamada, ni ver a la familia e incluso ni a la vida. Una terrorista como vos, ni derecho a la vida tiene, me decían constantemente. Esas eran las amenazas”, señala la joven.

/ Metro

Valle tambien explica que lo más dificil que vivión en el penal de mujeres fue no poder dormir en las noches. “El sonar de las AK cuando las cargaban era traumante, las funcionarias se ponían a hablar en voz alta toda la noche. El calor es insoportable y tampoco nos dejaban asomarnos a las ventanas a tomar un poco de aire. Solo nos sacaban a tomar aire y sol 40 minutos una vez a la semana”, relata Valle.

Elsa Valle relata su detención

Describe que la capturaron en la casa de unas amigas que también eran protestantes.

“A mí me agarran en la casa de mis compañeras de lucha, Yuri Valerio e Irma Rivera (a quienes también detuvieron). La Policía llegó porque, según ellos, ahí habíamos resguardado a las personas que iban a tomarse la Upoli”, describe Valle.

Elsa Valle (segunda a la derecha), junto a otros jóvenes cuando fueron acusados de portar armas ilegalmente. / Metro

“Decían que éramos terroristas y que nos iban a llevar a la Estación VII. A las cuatro cuadras nos cambiaron de patrulla y llegó un muchacho con una bolsa de armas, ellos mismos nos pusieron las armas para decir que éramos una banda que andaba azotando en Managua”, señala la estudiante.

Según cuenta, de ahí la trasladaron llevaron directo a El Chipote. “En el arresto, además de los golpes, hubo maltrato psicológico: nos decían terroristas, prostitutas y nos apuntaban con AK-47 directo a la cabeza”, explica la joven.

La entrada a El Chipote

Rebeca Montenegro, madre de Elsa Valle, llegaba a la cárcel de mujeres La Esperanza para preguntar por su hijo / Metro

Valle dice que cuando llegó a El Chipote miró muchos civiles encapuchados y desde que entraron, ellos comenzaron a insultarla. Le gritaban delincuentes, asesinas y más

“Después de tomarnos los datos, nos pasaron a un cuarto de espejo donde se notaba que al otro lado había personas viéndonos. Nos hicieron quitarnos la ropa, quedamos completamente desnudas y nos pusieron a hacer 10 sentadillas con la vista siempre al frente”, dice la estudiante.

Así son las celdas de El Chipote, según Elsa Valle

Elsa Valle dice que en la celda, había ratones, gatos, garrapatas que caían del techo. La joven cuenta que cuando estaban en la celda tenían mucho frío porque, en el caso de ella y sus compañeras, las dejaron con una mudada y una pieza de ropa interior.

“Es un lugar asqueroso. Los baños son lamosos y la gente hasta se resbala, teníamos que poner los pies encima de las botellas que nos llevan para no entrar en contacto con el piso. Aunque había gente que dejaban en únicamente ropa interior. Sé que algunas de las reclusas en El Chipote adquirieron infecciones vaginales”, explica Valle.

Durante dos meses Carlos Valle pasó reclamando a las autoridades por la liberación de su hija Elsa Valle, ahora es acusado de terrorismo / Metro

La higiene en El Chipote

Según Valle, muchas de las prisioneras adquirieron infecciones vaginales, una de ellas fue Irlanda Jerez. “No nos dejaban pasar útiles de aseo personal, nos quitaban los cepillos y fue por el mismo desaseo que agarramos infección. En el caso de las celdas de mujeres sí hay inodoro, no es en un orificio en el piso, como les pasa a los hombres. El baño está en la misma celda, pero en condiciones antihigiénicas, que ni siquiera dan ganas de sentarse ahí”, relata la estudiante.

/ Metro

¿Cómo vivió Elsa Valle su detención en el penal de mujeres?

Elsa Valle dice que al sexto día de la detención la llevaron a los juzgados. Ella estaba siendo procesada por supuestamente cometer el delito de portación ilegal de armas. “El juez ordenó la prisión preventiva y me envían al penal de mujeres. Ahí lo mismo de nuevo: desnudarnos, recibir insultos y malos tratos desde la entrada”, describe Valle.

“En la cárcel sigue la represión. Hubo dos días en que estuvimos 18 mujeres en una celda y protestamos para que al menos nos dividieran en nueve y nueve. En cada celda había seis literas de dos colchones, las otras dormían en el suelo. Las literas estaban con cucarachas y garrapatas. Los ratones entraban a comerse la comida que nos llevaban. Además, teníamos vigilancia aparte de que nos acechaban todo el tiempo”, explica la joven.

Así vivieron las fiestas patrias las reas

Según Elsa Valle, el 14 y el 15 de septiembre las reas se unieron y armaron una bandera improvisada con uniformes azules y toallas blancas.

“Los dos días nos unimos todas y armamos una bandera improvisada con los uniformes azules y toallas blancas. Cantábamos el himno nacional a las seis de la mañana, al mediodía y a las seis de la tarde. El día que empezamos eso, llegaron las autoridades mayores del Sistema Penitenciario e incluso llegaron tenientes de La Modelo para decirnos que ahí adentro no teníamos derecho a nada. Nos obligaron a quitar la bandera, pero desde el otro pabellón nos gritaron que no tuviéramos miedo y volvimos a armar la bandera. Volvieron a llegar y les cantamos el himno a todo pulmón. Nos grababan, se reían de nosotras y decían que eso era acto de indisciplina”, relata bien emocionada la joven estudiante.


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