Los estudiantes lloraron al recordar los nombres de las personas que han muerto por las protestas. Óscar Sánchez
Los estudiantes lloraron al recordar los nombres de las personas que han muerto por las protestas. Óscar Sánchez

Nacionales por Noelia Celina Gutiérrez,

Al concluir el Himno Nacional, el estudiante Lesther Alemán encaró al presidente Daniel Ortega ante el asombro de todos los presentes en el salón donde se iniciaba el diálogo nacional, este miércoles en el seminario de Fátima de la Iglesia Católica.

Con su pañoleta azul y blanca al cuello, de pie ante los participantes de la mesa, Alemán, de 20 años, interrumpió el turno de Ortega para pedirle que ordenara el cese de la represión policial y liberara a ciudadanos apresados durante las manifestaciones.

Cuando Ortega ya pudo hablar, fue interrumpido otra vez. —“¡Dé la orden!”—, le reclamaron los estudiantes, sentados a menos de cien metros del mandatario.

El presidente continuó y un grupo de periodistas, que había quedado fuera del salón, empezó a gritar “¡déjennos entrar!” y a sacudir una de las puertas laterales del salón. Había poco espacio adentro; pero los religiosos acordaron dejarlos pasar, ante la alarma de los dialogantes.

“Hemos invitado a la CIDH, para que acompañe ese esfuerzo y que reine la justicia en nuestro país”, dijo Ortega, y los estudiantes respondieron “¡Nosotros la invitamos!”.

Poco después, el presidente aseguró que no había personas desaparecidas ni presas, a lo que los estudiantes respondieron “¡Porque los mataron!”.

“La policía tiene órdenes”, dijo el presidente en su modo de hablar pausado, y los estudiantes contestaron —“¡De matar!”—. Luego Ortega completó su idea: —“De no disparar”—.

Los medios de comunicación en la región realizaron un seguimiento al diálogo nacional. EFE

A lo largo de su discurso, Ortega fue cuestionado por los estudiantes presente. El presidente subía la voz para opacar los gritos; sin embargo, los jóvenes continuaron.

La tensión era palpable. Los estudiantes estaban sentados al otro lado de la mesa, vestidos de negro. Los empresarios y miembros de la sociedad civil vestían de banco.

Los cuestionamientos siguieron cuando tomó el micrófono Rosario Murillo, quien aseguró haber llegado al diálogo nacional “con buena fe y con respeto”.

Después, el obispo Abelardo Mata enfatizó que “no es una petición, es una exigencia” el cese de la represión.

En la segunda intervención de Ortega, los universitarios se callaban entre sí, para no interrumpir al presidente. Esperaban que respondiera a su solicitud. Pero explotaron cuando este dijo que en la Upoli los protestantes tenían “un verdadero arsenal de armas” como fusiles y revólveres.

“¡Da la orden!”, reclamaron otra vez los jóvenes, esta vez hablándole de “vos” y no de “usted”. Ortega, visiblemente irritado, respondió: —“La orden ya fue dada”—.

Se calentaron los ánimos y se calentó el ambiente. Todos sudaban, tanto por el calor que había en el salón lleno de gente como por la tensión. —La vicepresidenta bebía agua una y otra vez—.

Los estudiantes intervinieron para leer un poema de Rosario Murillo escrito en 1972.

“Pidieron lista de nuestros muertos y aquí se las tenemos”, dijo Madelaine Caracas, otra universitaria. Dijeron 55 veces: ¡Presente!, una después de mencionar cada nombre. Estaban todos de pie y con la mano empuñada, viendo fijamente al presidente.

Cincuenta y cinco personas, incluyendo estudiantes, ciudadanos, policías y un periodista que murieron durante enfrentamientos con la Policía Nacional y grupos afines al Gobierno. Fue un punto de quiebre para muchos. Algunos jóvenes rompieron en llanto mientras escuchaban la lista de nombres.

Los jóvenes de las diferentes universidades respaldaban a Alemán, cada vez que hablaba, con su consigna más sonada: “¡No eran delincuentes, eran estudiantes!”.


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