Un 58,5 por ciento de la población nicaragüense, calculada en 6,3 millones de habitantes, afirma profesar la religión católica. / Archivo
Un 58,5 por ciento de la población nicaragüense, calculada en 6,3 millones de habitantes, afirma profesar la religión católica. / Archivo

Destacado, Nacionales por EFE,

Miles de creyentes católicos acudieron a las iglesias de Nicaragua para participar en la misa del Miércoles de Ceniza, que marca el inicio del periodo de Cuaresma.

Los católicos iniciaron sus jornadas temprano este miércoles con la visita anual a las iglesias, para recibir la cruz de ceniza en la frente, que simboliza el compromiso con la fe.

Los sacerdotes recordaron en sus homilías que el tiempo de cuaresma es para dedicarlo a la oración, el ayuno y la abstinencia.

A partir de este Miércoles de Ceniza, los fieles católicos inician una de las jornadas religiosas más fuertes del año, de 40 días de duración, que es la preparación para el Domingo de Resurrección de Cristo, o Pascua, que forma parte de la Semana Santa.

Un 58,5 por ciento de la población nicaragüense, calculada en 6,3 millones de habitantes, afirma profesar la religión católica.

El papa Francisco afirmó hoy que es “triste” constatar aquellas voces que se aprovechan de las “vicisitudes cotidianas”, del “dolor y la incertidumbre” para “sembrar desconfianza”, en su homilía con motivo del Miércoles de Ceniza.

“Cada uno de nosotros conoce las dificultades que tiene que enfrentar. Y es triste constatar cómo, frente a las vicisitudes cotidianas, se alzan voces que, aprovechándose del dolor y la incertidumbre, lo único que saben es sembrar desconfianza”, apuntó.

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El pontífice, parafraseando a santa Teresa de Calcuta, dijo que “el fruto de la fe es la caridad” pero advirtió que al mismo tiempo “el fruto de la desconfianza es la apatía y la resignación”, que “cauterizan y paralizan el alma del pueblo creyente”.

En este sentido Francisco recomendó aprovechar la Cuaresma (período en que los cristianos se preparan espiritualmente para la Pascua y que comienza hoy) para “desenmascarar estas y otras tentaciones” y “recalentar el corazón” y pidió adoptar una actitud basada en “detenerse, mirar y volver”.

El papa instó a los fieles a detenerse y dejar de “correr sin sentido” porque, subrayó, “ese mandamiento de vivir acelerado dispersa, divide y termina destruyendo el tiempo de la familia, de la amistad o de los hijos”.

“Detente un poco delante de la necesidad de aparecer y ser visto por todos, de estar continuamente en ‘cartelera’, que hace olvidar el valor de la intimidad y el recogimiento”, solicitó.

También llamó a los fieles a plantarse ante “la mirada altanera, el comentario fugar y despreciativo que nace del olvido de la ternura” y ante “la compulsión de querer controlar todo, saberlo todo, devastar todo”.

El papa animó a “mirar” los “signos que impiden apagar la caridad”, a observar el rostro de las familias que “siguen apostando cada día, con mucho esfuerzo para sacar la vida adelante y, entre tantas premuras y penurias, no dejan todos los intentos de hacer sus hogares una escuela de amor”.

Pidió atender al “rostro interpelante de nuestros niños y jóvenes cargados de futuro”, de los ancianos, “surcado por el paso del tiempo”, o de los enfermos y de quienes se hacen cargo de ellos.

Por último Francisco invitó a los fieles a “volver a los brazos anhelantes y expectantes” de Dios y dejar que “sane las heridas del pecado”.

Francisco pronunció su homilía después de recorrer en procesión y ataviado con los paramentos morados propios del tiempo de Cuaresma la corta distancia que separa la iglesia de San Anselmo de la basílica de Santa Sabina, en la colina romana del Aventino.

Posteriormente procedió al rito de la imposición de la ceniza a los cardenales, obispos y otros miembros del clero presentes en esta ceremonia con la que se da inicio a la Cuaresma, el tiempo litúrgico de 40 días que culminará el Jueves Santo, el 29 de marzo.


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