Las mujeres no siempre denuncian el acoso sexual, aunque las redes sociales han servido para hacer público varios casos en Latinoamérica. /Internet
Las mujeres no siempre denuncian el acoso sexual, aunque las redes sociales han servido para hacer público varios casos en Latinoamérica. /Internet

Destacado, Nacionales por Javiera Ortiz Pulgar y Uriel Velásquez ,

En Managua, la capital de Nicaragua, 9 de cada 10 mujeres han sufrido algún tipo de acoso callejero, revela el Observatorio Contra el Acoso Callejero de Nicaragua (OCAC, Nicaragua) en su estudio “Acoso callejero en la ciudad: aproximación descriptiva del acoso callejero en el área urbana de Managua”.

La investigación segmenta el acoso callejero en dos vertientes: acoso gestual verbal y acoso físico. Silbidos, comentarios alusivos a sus cuerpos, miradas y gestos lascivos, comentarios sobre el acto sexual e insultos sexistas figuran como parte del acoso gestual verbal, el cual, según expertos, es el que se presenta con más frecuencia.

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La vida de estas mujeres que han sido perseguidas, manoseadas o han estado expuestas a exhibicionismo de genitales se ha visto afectada, según el estudio publicado a finales de 2015, pues un 40% de ellas dijo haber tenido que cambiar su rutina, sus horarios y hasta la forma de vestirse.

Pocas denuncias

En los anuarios estadísticos de la Policía Nacional no hay registros de denuncias por acoso callejero como tal, lo que sí existe es un registro de denuncias por acoso sexual en el que se indica que durante el 2016 la institución apenas recibió 62 quejas por esta causa en todo el país.

Lorna Norori, coordinadora del Movimiento contra el Abuso Sexual, explica que la vergüenza, el miedo, el no tener los datos requeridos para denunciar a alguien y porque nadie se ofrece como testigo influyen en las causas de por qué no se acusa. “Aunque no se tengan este tipo de denuncias, no significa que no exista la situación. Pasa que las mujeres se quedan calladas”, dijo.

La semana pasada se marcó un importante precedente de justicia en los casos de acoso callejero en Nicaragua, luego que un juez en Managua dictara una sentencia de cinco años de cárcel a un hombre de 36 años y una sentencia de siete años de prisión a un joven de 18 años por tocar la vagina de mujeres en la calle y gritarles palabras soeces.

Organizaciones de mujeres esperan que tras estas históricas sentencias, en las que no hay beneficios de rebaja de penas para los acosadores, las mujeres nicaragüenses se animen a denunciar con más frecuencia estos actos.

Avances y retrocesos en Latinoamérica

La batalla contra el acoso callejero ha tomando cada vez más fuerza en Latinoamérica. En Chile, por ejemplo, el Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC) presentó un proyecto de ley que busca promover el respeto con el fin de evitar y sancionar el acoso sexual en el espacio público. Sin embargo, este descansa en el Congreso desde 2015, luego de haber sido aprobado en la Cámara de Diputados.

A diferencia del menguado avance del proyecto en el Senado, estas últimas semanas han sido clave para la discusión sobre el acoso callejero en algunos países de Sudamérica como Perú y Argentina.

El acoso callejero en Argentina

En Argentina, solo dos provincias han legislado en la materia: el 24 de mayo en Sartra se aprobó un proyecto de ley que incorpora la penalización del acoso sexual en lugares de acceso público a la constitución de la provincia. Discusión que ahora espera su aprobación en el Senado local.

El mismo proceso fue aprobado en 2015 en Buenos Aires con la promulgación de una ley que establece multas de hasta mil pesos argentinos (aproximadamente US$62) o 10 días de trabajo social contra las personas que “hostiguen, maltraten o intimiden y que afecten en general la dignidad, la libertad, el libre tránsito y el derecho a la integridad física o moral de las personas basados en su condición de género, identidad y/o orientación sexual”.

A modo de sanción, un taxista argentino deberá realizar un curso de “convivencia, diversidad y derechos humanos” por acosar sexualmente a una mujer de 25 años que caminaba por la calle, luego de haber llegado a un acuerdo con la víctima mediante un proceso de mediación.

Imagen referencial /Archivo

Si bien contar con una normativa que regule esta problemática se vuelve necesario y entrega casos ejemplarizadores como el del taxista de Buenos Aires, la ley también deja otras aristas de lado.

Razón por la cual desde mayo se abrió el Observatorio Contra el Acoso (OCA) en Buenos Aires con el fin de evidenciar, prevenir y erradicar todas las formas de hostigamiento hacia las mujeres, entre ellos la seguridad en los espacios públicos.

Tal como explica Daniela Poblete, responsable del área de estudios e investigación de OCA, “el acoso es una forma de disclipinar los cuerpos de las mujeres en el espacio público. Antes no podíamos salir a trabajar, no estudiábamos, todo eso viene de la historia de nuestra cultura y ahora que salimos a esos espacios, se establecen lógicas de poder generalmente direccionadas hacia las mujeres”.

“El acoso generalmente se expresa de manera sexual, pero en realidad es un acoso moral y disciplinador, porque todo el rato te están diciendo que tu cuerpo no es tuyo, sino de quien domina en esa esfera pública, que históricamente ha sido un espacio de los hombres”, agregó la especialista.

La prevención del acoso callejero más allá de la sanción

Otro de los países de la región que cuenta con avances en la materia es Perú. Desde 2015, el país sudamericano cuenta con una ley que tipifica y sanciona el acoso sexual.

Al revés de la normativa argentina, la ley es para todo el país, pero depende de cada gobernación si esta se aplica o no. Tal como explica Fabiola Mazag, abogada integrante del colectivo Paremos el Acoso Callejero de Perú, “en total 31 municipalidades han presentado planes para detener el acoso sexual callejero. La ley ha ayudado a tipificar el acoso y con ello hacerlo visible, pero más allá de lo punitivo, lo importante es un cambio cultural”.

Durante las últimas semanas, el debate en Perú se ha vinculado a cómo culturalmente se debe abordar esta temática. El 21 de mayo, el director de la ONG Luz Ámbar, Luis Quispe, planteó destinar buses y vagones exclusivos para mujeres en buses de transporte público y en el metro de Lima durante las horas de mayor tráfico con el fin de evitar los casos de acoso, entre ellos los tocamientos.

Multas

62 dólares puede costar aproximadamente una multa por acoso callejero en Buenos Aires

Sin embargo, desde Paremos el Acoso callejero afirmaron que “con este tipo de medidas se plantea que los acosadores son animales que no pueden razonar y eso sería una limitante para prevenir y combatir el acoso. Separarnos en diferentes vagones o buses no soluciona el problema, solo lo oculta o lo invisibiliza. Lo que necesitamos las mujeres es disfrutar de las espacios públicos, al igual que los hombres, no ser excluidas de ellos para evitar que seamos víctimas. Si en verdad quieren combatir el acoso sexual callejero, sumemos esfuerzos para reeducar a la población y ayudemos a masificar la información”.

El acoso callejero, diferencias y similitudes en Latinoamérica

Sin duda, la forma de abordar el acoso en los países es totalmente distinto, Natalia Muñoz, responsable de Articulación Internacional de la OCAC Chile, enfatiza que “a modo general, no hay una forma de ver el acoso sexual en Latinoamérica porque hay diferentes formas de vivirlo. Por ejemplo, en Guatemala lo más suave es que te digan algo y ya luego van los ‘agarrones’, mientras que en Chile el acoso es más solapado, uno quiere encarar y los tipos se hacen los desentendidos”.

“Hay países que ya han avanzado en sus legislaciones como Perú y Argentina. Por otro lado, tenemos países como Chile donde hay proyectos de ley que están durmiendo en el Senado hace dos años. Entonces, tenemos un panorama donde hay países que ya han avanzado en estos temas, otros que estamos a la mitad, como Chile, y otros en los cuales aún no se ha generado nada, principalmente por voluntades políticas”, añadió Muñoz.

Sin embargo, la experta chilena afirma que sí es posible establecer un criterio en común en la región, “en Latinoamérica este es un problema cultural, porque se intenta pasar el acoso sexual callejero como si fuese una galantería, como la expresión de coquetear”. “En Chile se han acogido bien las campañas contra el acoso callejero, pero no falta el que te diga ‘esto es una tontera o cómo voy a conocer a mujeres si no les puedo gritar cosas en la calle’, cuando la intención claramente no es conocer a la gente gritándole algo”, explicó la especialista del OCAC.

Respecto a este punto, la especialista del observatorio argentino también coincide. “Por ejemplo, acá en Argentina se dice ‘bueno, tenemos el tango, la galantería, si tenemos la poesía a flor de piel cómo no le vamos a decir a la mujer’. Mientras que en Chile se le llama picardía y así de distintas formas en cada país, y cuando se dicen esas frases no importa si nosotras queremos recibir o no esos mensajes”.


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