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Un total de 325 jóvenes musulmanes partieron de Bélgica para unirse a la lucha extremsista en Siria e Irak

Lachlan CARMICHAEL/ VILVOORD/AFP

“Son jóvenes sin estudios, con problemas con la justicia, con la sociedad, sin trabajo, con antecedentes de drogas, robo”, admite Mimoun Aquichouh, responsable de una mezquita belga, en referencia a quienes parten a hacer la yihad.

Un total de 325 jóvenes musulmanes partieron de Bélgica para unirse a la yihad en Siria e Irak, según cifras oficiales.

“Conocía a algunos de ellos, los que frecuentaban la mezquita justo antes de partir”, señala a la AFP Aquichouh, responsable de la mezquita Annasr, de Vilvoorde, al norte de la capital belga.

Buscaban una identidad, un lugar en la sociedad, explica Aquichouh.

La mezquita de Aquichouh está situada en una calle tranquila de esta antigua ciudad industrial del norte de la capital belga, detrás de una hilera de casas bajas pegadas unas a otras y en donde aún planea el recuerdo del brutal cierre de la planta de Renault, hace 17 años.

Junto a Amberes (norte), esta comuna flamenca de 40.000 habitantes donde se instaló una parte de la clase obrera de origen inmigrante se convirtió en uno de los principales viveros para reclutar yihadistas belgas.

Siete de los 46 acusados de estar vinculados a un grupúsculo salafista, Sharia4Belgium, que están siendo juzgados en Amberes por “pertenecer a un grupo terrorista”, son oriundos de Vilvoorde. Sólo dos están presentes en el juicio, los otros siguen activos o murieron en Siria.

El alcalde de esta ciudad, Hans Bonte, afirma que 27 habitantes de su comuna, entre ellos dos mujeres, se fueron a Siria e Irak. Para el presidente de la mezquita son unos 20 de las 5.000 familias musulmanas.

Mimoun Aquichouh recuerda en particular a un joven que tenía problemas de adicción con las drogas. No encontraba su lugar como musulmán en esta ciudad flamenca con una importante comunidad de origen marroquí.

“A veces se lo veía vestido a la moda europea al cien por cien. Otras veces aparecía vestido de manera tradicional. Estaba perdido. No sabía lo que hacía. Quería dejar la droga pero no sabía cómo”, explica Aquichouh.

El papel de la propaganda

La propaganda islamista es determinante entre los jóvenes, según Aquichouh. “La vi en internet. Aparecen en camionetas 4×4 con armas”, añade.

Esta propaganda vehicula una idea que hace mella, “que los musulmanes son injustamente tratados por el mundo”, lamenta. Pero “lo que la propaganda no dice son las bombas, los tanques, una guerra sucia en donde la gente muere“.

Bonte, el alcalde, asegura que también conoció a algunos de esos jóvenes. Según él la radicalización sólo lleva a veces unos pocos meses, por lo que estima que los líderes comunitarios deben actuar rápido para evitar a los reclutadores aislar y cooptar a los jóvenes más vulnerables.

En Bruselas, la madre de un joven que se convirtió al islam cuando era adolescente y que cree que se convirtió en yihadista en Siria, está desamparada por la elección de su hijo.

“Nuestros hijos son víctimas, no terroristas. Los terroristas son los jefes”, dijo esta mujer que prefirió no identificarse y que asegura que no sabe cómo se radicalizó su hijo.

“A veces sentía que estaba desmoralizado… Quería vivir en tierra del islam”, dijo.


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