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América Latina y el Caribe en los últimos 15 años al menos, han mantenido una continua y profunda transformación de la realidad que imperaba en ese período de tiempo, creando de esa manera la oportunidad a muchos países de quitarse de encima la cuota de países en vías de desarrollo o países pobres, y pasar a ser considerados como países de renta media.

Tanto en temas económicos, sociales y políticos, el Hemisferio americano ha cambiado, en la mayoría de casos para bien, a través de políticas públicas y económicas dirigidas al crecimiento sostenible, la estabilidad económica misma gracias a la conexión entre lo público y lo privado y el mantenimiento de la democracia como sistema de gobierno.

Esos tres rasgos han sido claves y han sido llevados a cabo por medio de una implementación de estrategias que retoman cuestiones de políticas contrarias (liberalismo y socialismo), pero que son complementarias y se ha demostrado por medio de los buenos manejos económicos y sociales en pro de la población, y que han situado a la región en situaciones ventajosas en temas comerciales y financieros.

Con el auge de las ventas de las materias primas, los procesos integradores, la apertura de nuevos mercados para el comercio regional y la poca pero continua especialización de mano de obra para fortalecer el sector comercial y financiero, Latinoamérica ha logrado obtener de hasta un 5% anual. Eso sí, no hemos sido capaces de proyectar esos cambios positivos en obtener mayores ventajas competitivas en nuestros productos.

La creciente ola globalizadora en el mundo ha traído consigo ventajas al igual que desventajas que, sin embargo, tiene una mayor concentración en temas positivos para nuestras economías y el crecimiento de sociedades menos desiguales. Además de servirnos para obtener conexiones comerciales, financieras y de cooperación a nivel global.

Sin embargo, hoy esos avances se ven amenazados por la mala situación económica que impera en el mundo, debido a cambios como los de la redistribución de las ganancias e impuestos, que en muchos países ha dado lugar al crecimiento de clases poderosas y la casi eliminación de la incipiente clase media, que estaba creciendo a buen ritmo, dotando de mayores beneficios a la sociedad en general.

Además, en algunas naciones que han dejado atrás la democracia como sistema político y han apostado por sistemas híbridos que combinan el libre comercio, con políticas restrictivas y abusivas en contra de la población que no está de acuerdo con ese tipo de gobierno y que además comprende que la coerción de sus libertades es parte de ese sistema, además de la intimidación y otros abusos que realizan, que ha dejado una estela de descomposición política y social, y en algunos casos se ha visto reflejada en la economía.

A esas amenazas se suman los malos manejos de la cosa pública por gobiernos que no han tenido la inteligencia ni la diligencia de mantener un Estado, alejado de la corrupción y de los malos manejos de fondos.

Estos tres factores y riesgos nos dan la pauta para realizar los cambios necesarios y volver a la senda democrática y de crecimiento económico, que siga favoreciendo a las poblaciones de nuestras naciones. Una de las claves es la profundización de las relaciones sur-sur, que nos ha mostrado frutos y beneficios económicos y políticos, que luego se tienen que transformar en beneficios sociales. Es importante entonces que los gobiernos dejen de lado el populismo, erradiquen la corrupción y vuelvan a respetar las libertades.

Por Ricardo De León Borge


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