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La Isla de Formosa, conocida hoy como la República China (Taiwán) o solamente como Taiwán, es una nación que ha mostrado al mundo los beneficios y bondades de la unión de un pueblo, el trabajo coordinado y solidario y la buena labor del Gobierno –aunque primeramente un gobierno autoritario- para lograr crecimiento económico, social y una evolución política desde el autoritarismo hasta la plena democracia, para llegar a posicionarse como una de las naciones más ricas e igualitarias en temas sociales en el mundo entero, así como de grandes avances tecnológicos, educativos y en temas de salud.

Me refiero a esos importantes temas y reconocimientos, a propósito de la visita a nuestro país en esta semana del Presidente de Taiwán, Sr. Ma Jing-jeou, quien se encuentra de gira por América Latina, como parte de su última gira por estas tierras, donde Taiwán tiene a la mayor parte de las naciones que la reconocemos como una nación plenamente soberana e independiente.

El presidente Ma se ha destacado en sus dos períodos al frente de la Isla por sus principios y estrategias dirigidas hacia mantener la estabilidad, la paz y un status quo favorable a su crecimiento económico. Todo eso con base a su acercamiento con China Continental, por medio del diálogo y reconocimiento de ambas entidades, la apertura de servicios directos de comercio, transporte y postales –por primera vez desde 2008, cuando llega al poder Ma en su primer periodo-. Un cambio de dirección que obedeció a tratar de redirigir las maltrechas relaciones que había dejado su antecesor Chen Shui-Bian.

Este acercamiento se basó en una nueva política de reconocimiento de los países que apoyamos a Taiwán, además de facilitar el comercio bilateral, que al día de hoy para Taiwán, China Continental se ha convertido en su principal socio comercial, lo cual le ha valido un crecimiento económico sostenido. También incluyó una mayor atracción del turismo por ambas vías.

Estas iniciativas, sentaron una nueva era de relaciones bilaterales que son primordiales para la sobrevivencia de Taiwán y nos presenta de forma clara, precisa y contundente que cuando el interés nacional de una nación prima sobre intereses partidarios o económicos de ciertos sectores de la sociedad, la población en general reconoce el esfuerzo y siente los beneficios de un Estado que sabe gobernar por el mantenimiento de la paz y tranquilidad del pueblo.

Relación con Nicaragua. Taiwán cuenta entre uno de sus aliados a nuestro país. Una alianza que es “ganar-ganar” y que ha posicionado a Nicaragua como una nación que reconoce la independencia y soberanía desde un primer momento, luego de la revolución cultural de 1949. Las relaciones bilaterales tienen un gran componente comercial, el cual ha evolucionado de forma favorable para ambas naciones.

En el año 2003 las exportaciones de Nicaragua a Taiwán andaban por el orden de U$ 670,000.00, el año pasado alcanzaron la cifra récord de U$ 82,700.000.00 (según datos de la Embajada de Taiwán en Nicaragua), lo cual ha trascendido en la cantidad y diversificación de productos nicaragüenses comprados por Taiwán, dejando una estela de ganancias tanto para la empresa privada como para el Estado.

Asimismo, la cooperación taiwanesa siempre ha estado presente en temas de modernización del Estado y para combatir los problemas sociales que acosan a nuestra población.

Nicaragua, por su parte, ha apoyado las iniciativas para que se reconozca a Taiwán como un Estado-nación independiente en el seno de la Organización de las Naciones Unidas, así como el apoyo pleno a todas las iniciativas por el mantenimiento de la paz, el acceso a organizaciones donde tiene un gran avance y protagonismo, como por ejemplo la iniciativa de Paz del presidente Ma en las tensiones del Mar Meridional de China.

La situación de Taiwán constituye una injusticia del actual Orden Internacional, la cual hay que impulsar para remediarla y darle la oportunidad de sentirse como un Estado pleno.

Por Ricardo De León Borge

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