Lavrov / AFP
Lavrov / AFP

Mundo por EFE,

El jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov, cumplió hoy 15 años en el cargo, lo que le convierte en uno de los ministros de Exteriores más longevos de la historia moderna de Rusia, período en el que ha tenido que afrontar el progresivo aislamiento de su país en la arena internacional.

“Rusia es actualmente uno de los países más influyentes en el mundo y sólo dos personas han contribuido más a ello que Lavrov, el presidente, Vladímir Putin, y el ministro de Defensa, Serguéi Shoigú”, comentó a Efe Alexéi Gromiko, director del Instituto de Europa de la Academia de Ciencias de Rusia.

Su abuelo, Andréi Gromiko, es el único ministro de Exteriores ruso que ha estado más tiempo en el cargo durante el siglo XX que Lavrov, ya que marcó las líneas maestras de la diplomacia de la URSS durante la friolera de 28 años (1957-85).

“Ser ministro de Exteriores nunca es sencillo, más aún de uno de los países más grandes del mundo. Además, el entorno exterior es cada vez más complejo. Lavrov ha tenido muchos éxitos”, apuntó.

"Si este acuerdo con Irán se convierte en una ficha en juegos geopolíticos, ¿cómo podemos pedir a Corea del Norte que use la misma opción?", apuntó. / Getty Images

Lavrov / Getty Images

Lavrov, que antes había encabezado la embajada rusa ante la ONU (1994-2004), ya ha dejado atrás a Viacheslav Mólotov, el rostro de la diplomacia estalinista antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial.

El comisario soviético ha pasado a la historia por diversos motivos, pero especialmente por el pacto Mólotov-Ribbentrop de 1939, por el que la URSS dejó las manos libres a Adolf Hitler para atacar Polonia e iniciar la contienda.

“Mi abuelo nunca lamentó haberlo firmado. Decía que el pacto permitió a la Unión Soviética prepararse para la guerra y, al fin y al cabo, ganarla”, aseguró su nieto, el diputado Viacheslav Níkonov.

Lavrov no ha tenido que pactar con el diablo como Mólotov, aunque algunos gobiernos occidentales así llaman al líder sirio, Bachar al Asad, pero sí ha tenido que tragar sapos para defender la postura del Kremlin, en ocasiones ante el rechazo unánime de la mayoría de la comunidad internacional.

Llegó al cargo justo después de que Putin fuera reelegido para un segundo mandato e iniciara una huida hacia adelante que desembocó en el actual estado de tensión con Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea.

Es considerado mundialmente un “brillante” diplomático y un “hábil” negociador, y son pocos los que le consideran parte del círculo íntimo de Putin, tanto en el sentido personal como ideológico del término.

De hecho, hace casi diez años acordó en Ginebra con su colega estadounidense, Hillary Clinton, “reiniciar” las relaciones entre ambas potencias, pero ese intento no prosperó.

Lavrov / Getty Images

Durante estos años ha tenido que fajarse para defender posturas difícilmente defendibles como la agresión rusa a Georgia en Osetia del Sur (2008), la anexión de la península ucraniana de Crimea y el apoyo a la sublevación armada en el este de Ucrania (2014).

Como consecuencia, Rusia se encontró en una situación indeseada para cualquier ministro de Exteriores: condena internacional y sanciones económicas.

Quizás por eso, por los numerosos incendios que ha tenido que apagar, los analistas comentan que Lavrov ha perdido la sonrisa, se la agriado el carácter y tiene cada vez menos paciencia, sea con la prensa como son sus interlocutores.

“Sea como sea, la política exterior es tan maestra que, a pesar de la situación desde 2014, no se puede hablar de aislamiento y la tesis de que Rusia está aislada es ridículo”, explicó Gromiko.

Considera que Lavrov ha logrado “minimizar, dentro de lo posible”, el daño que Rusia sufre desde hace casi cinco años por las sanciones y los “ánimos antirrusos” que subyacen en la política occidental.

“No todo se decide por la fuerza. Eso hacía Gromiko, no decidir todo con guerras. La política exterior debe ir encaminada a mantener a Rusia como uno de los principales centros de poder y minimizar su implicación en conflictos locales, no digo ya globales”, apuntó.

Lo logró a medias, ya que Rusia combatió tanto en Osetia, la primera intervención militar rusa en el exterior desde la invasión de Afganistán, como en Siria, operación aún en marcha.

No todos coinciden con Gromiko. El antiguo jefe de la comisión de Exteriores de la Duma o congreso de los diputados, Vladímir Lukin, comentó a Efe que la mayor cualidad de Lavrov como ministro es la “capacidad de supervivencia” en tiempos tan turbulentos.

El último frente abierto en la diplomacia rusa es Venezuela, donde Lavrov ha acusado abiertamente a Estados Unidos de utilizar la “tapadera” de la ayuda humanitaria para preparar una intervención militar en el país.

En cuanto a la posibilidad de que deje el cargo ahora que está a punto de cumplir los 69 años, Gromiko considera que eso compete “sólo a dos personas: Putin y Lavrov”.


Noticias Relacionadas