Del último “Abrazos no muros” celebrado el pasado mayo. |Mónica Lozano
Del último “Abrazos no muros” celebrado el pasado mayo. |Mónica Lozano

Mundo por Iñaki Estívaliz /Especial para MWN,

El fundador y director ejecutivo de la organización “Abrazos no muros”, Fernando García, anunció que tratarán de volver a celebrar el próximo octubre el evento que es una oportunidad para algunas familias de migrantes separadas por las políticas migratorias de EE.UU. de reencontrarse, aunque sea por unos momentos, y abrazarse. García explica que el Río Grande, que separa El Paso, en EE.UU., de Ciudad Juárez, en México, se seca en algunas épocas de año, cuando aprovechan para “tomar la frontera por unas horas” y permitir el reencuentro familiar momentáneo.

Tienen que coordinar con la Patrulla Fronteriza estadounidense, a un lado, y la Policía Federal mexicana, al otro, “para permitir que familias que han sido separadas por la deportación, madres que están separadas de sus hijos, esposos que han sido separados, puedan juntarse brevemente a la mitad del río, y puedan abrazarse, ese es el concepto central”.

El activista explica que ya han realizado cinco “Abrazos no muros”, en los que han conseguido “unificar brevemente, que se abracen por tres, cuatro, cinco minutos”.

“Para nosotros no solo es un acto de amor, de humanidad, de tratar de traer esas familias juntas, es una acto de protesta, es traer atención a esta crisis que ha generado la política migratoria de los EE.UU., que es una crisis que está reventando y destruyendo a la familia latina en los EE.UU. Miles, si no que millones, en serio, no estoy bromeando, que en los últimos 10 años han sido reventadas y separadas.

Niños separados de sus papás por 10 años, por 5 años, por 2 años; esposos que no se pueden ver; novios que tienen compromisos, separados”, lamenta García. Explica que en ocasiones han logrado que algunas de esas parejas se casaran uno a cada lado del muro, “y luego se tuvieron que regresar a sus lados, que separarse”.

“El muro es de metal. Estaba congelado, heladísimo. Pero a la gente no le importaba y pegaba sus rostros ahí en el metal, con tal de abrazarse y los niños con sus caritas pegadas al metal”.Mónica Lozano, fotógrafa.

“Con esto queremos presentarle al país la imagen real de la separación. Tratamos de hacer el próximo en octubre, dependiendo de las condiciones, claro que eso es una espina al sistema, que no quiere que lo hagamos. Pero trataremos de seguirlo haciendo. Mientras ellos sigan separando familias, nosotros vamos a seguir unificándolas para que se abracen”, defiende el activista.

La Red Fronteriza de Derechos Humanos tiene 20 años de trayectoria. “Hemos estado tratando de cambiar ese patrón de abusos y conducta institucional que sucede en la frontera, especialmente en contra de migrantes, pero también en contra de residentes, que son ciudadanos y que viven también en esta región, pero que son latinos y a veces son sujetos al perfil racial, al racismo por parte de agencias policiacas y migratorias”, sostiene.

El frío abrazo de diciembre de 2017

La fotógrafa Mónica Lozano ha documentado varios “Abrazos no muros” y explica que una de las cosas que más le han llamado la atención del evento fue una vez, en diciembre de 2017, en la que el río tenía agua, así que no pudieron celebrarlo en la cuenca y tuvieron que hacerlo en el muro fronterizo. “El muro es de metal. Estaba congelado, heladísimo. Pero a la gente no le importaba y pegaba sus rostros ahí en el metal, con tal de abrazarse y los niños con sus caritas pegadas al metal. Se me hacía muy fuerte el contraste del calor humano y la necesidad de cone
xión y de abrazar en este muro helado y todo oxidado”, recuerda Lozano.


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