Escena de un atentado suicida con coche bomba perpetrado en Kabul (Afganistán) el 2 de marzo de 2018. EFE/Metro
Escena de un atentado suicida con coche bomba perpetrado en Kabul (Afganistán) el 2 de marzo de 2018. EFE/Metro

Mundo por AFP,

En la noche del 20 de enero los talibanes ingresaron al lujos hotel Intercontinental de Kabul y, durante quince horas, piso por piso, habitación por habitación, mataron decenas de clientes, entre ellos muchos extranjeros.

Casi siete semanas después del ataque -que dejó oficialmente 25 muertos, más de 40 según otras fuentes, de ellas 15 extranjeros- el hotel situado en una colina que domina Kabul reabrió parcialmente sus puertas al público.

Durante el ataque, con armas automáticas y granadas que provocaron múltiples incendios, los talibanes llegaron a ocupar cuatro plantas sobre seis.

En los pisos superiores se sigue sintiendo el olor a quemado, los muros y las alfombras están carbonizados.

Los muebles están almacenados en las habitaciones menos afectadas, debajo de bachas de plástico, mientras que operarios pintan las paredes, remplazan puertas y ventanas y reparan los circuitos eléctricos

Rohula Nawab, director de ventas y marketing, estima que aún necesitarán cinco meses y unos 600.000 dólares para rehabilitar totalmente el establecimiento, propiedad del Estado afgano.

Pero restaurar su reputación llevará más tiempo.

La noche del ataque 173 clientes se hospedaban en el hotel de 200 habitaciones, según Nawab. Desde entonces no se reservó ni una sola habitación en el primer piso, el único que no fue atacado.

En la planta baja el restaurante, en donde varios miembros del comando comenzaron repentinamente su ataque disparando hacia los clientes, volvió a operar y ya no se ven rastros de los incidentes.

Pero las mesas están vacías y sólo un puñado de personas acudieron desde el ataque, según Nawab.

– Rebajas –

Los ingresos del hotel se derrumbaron. De unos 14.300 dólares por día pasaron a 600, principalmente por bodas o reuniones oficiales.

Pero Nawab se muestra confiado. Está convencido que el hotel seguirá abierto. “Es un hotel histórico, el gobierno no lo cerrará jamás”, dice.

El hotel, que abrió sus puertas en los años sesenta, lanzó una campaña de publicidad en diferentes canales de televisión del país y propone hasta 50% de rebaja en las comidas, habitaciones y eventos especiales.

“Se necesita tiempo para que se reanude el negocio, la comunidad internacional quedó consternada”, dice.

Como de costumbre, las autoridades se mantienen silenciosas sobre las circunstancias y consecuencias del ataque reivindicado por los talibanes. El ministerio de Interior presentó su informe al presidente Ashraf Ghani hace tres semanas al menos pero nada se sabe de su contenido.

Una docena de personas, miembros del personal y de seguridad continúan detenidas y acusadas de complicidad con los talibanes.

El jefe adjunto de la compañía de seguridad del hotel contó el mes pasado a la AFP cómo el responsable de ventas de entonces –que continúa detenido– dio la orden de dejar pasar el vehículo de los atacantes sin que fuera registrado.

Los visitantes denunciaron por su parte la ausencia de controles en el ingreso al edificio y la avería de los pórticos de seguridad.

Pero desde entonces nada cambió, constató la AFP cuando visitó el lugar esta semana.

Nawab señala que la dirección del hotel espera las instrucciones del NDS, servicio de inteligencia afgano, para reforzar el dispositivo.


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