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Mundo por Felipe Herrera/ Metro World News,

La respuesta de Donald Trump al enésimo asesinato masivo en su país en lo que va del año no se hizo esperar. El presidente de EE.UU. aseguró que el problema “no es sobre las armas”. Esto, en relación al ataque masivo del domingo, en el que 26 personas fueron asesinadas por un hombre armado con un rifle semiautomático en una pequeña parroquia baptista de Sutherland Springs, Texas.

Devin Kelley, estadounidense de 26 años, llegó a la parroquia con una sola cosa en mente: matar. Entró a la iglesia disparando su rifle. Dentro había niños, mujeres embarazadas y ancianos. Kelley había servido en la Fuerza Aérea entre 2009 y 2013, cuando fue dado de baja tras un juicio marcial por violencia contra su mujer e hijo.

Kelley había presumido de su rifle en redes sociales. Hace algunos meses, publicó en Facebook una foto del arma.

En las últimas horas, medios estadounidenses confirmaron que los motivos de Kelley para efectuar la masacre fueron “domésticos”. Kelley había amenazado de muerte a su suegra, la que acudía a misa a la iglesia atacada.

30k personas mueren por armas de fuego al año en Estados Unidos.

Mientras, para los vecinos de Sutherland Springs, los motivos son otros. “Las armas no matan. Matan las personas”, decía Charlie Young, expolicía de 71 años, a medios locales.
Problema legal… y político

El tema del acceso a las armas es controversial en Estados Unidos. Cada año, unas 30.000 personas mueren en el país por armas de fuego. 3,9 por hora. De acuerdo con una encuesta realizada por el Pew Research Center, un 67% de los estadounidenses alega “defensa personal”, como principal motivo para tener armas. Cada vez que se produce un tiroteo de esta naturaleza, vuelve a la agenda mediática. Pero al pasar los días, se vuelve a olvidar. Hasta la siguiente matanza.

Para los expertos en el tema, la principal razón por la que se producen estos tiroteos es clara. “El fácil acceso a las armas y los registros muy limitados sobre personas que poseen armas, juega un rol en los tiroteos que hemos visto”, explica a Metro Robert Spitzer, experto en crimen, política, leyes y control de armas de la State University de New York.

Las barreras entran en conflicto con la Segunda Enmienda a la Constitución. Esta protege el derecho de los estadounidenses a poseer armas. Y aunque Spitzer asegura que un mayor control no garantiza que no se produzcan más ataques, sí puede reducir las consecuencias mortales. “En algunos casos, los perpetradores padecen de enfermedades mentales significantes. Pero casi el 95% de esas enfermedades no son peligrosas para otros. Es muy fácil exagerar su impacto”, agrega.

El experto asegura que, a pesar de los cambios que se pueden hacer a nivel estatal, las políticas a nivel nacional no cambiarán. “El Gobierno está en manos de un partido que apoya a la Asociación Nacional del Rifle, quienes apoyaron a Trump el año pasado. Y el Partido Republicano está siendo muy, muy conservador en estos días. Lo que coincide con las inclinaciones de la extrema derecha hacia el lobby de las armas. Esto acaba con las expectativas reformistas”.


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