Personas protestan contra el presidente de Guatemala hoy, sábado 26 de agosto de 2017, en Ciudad de Guatemala (Guatemala) /EFE
Personas protestan contra el presidente de Guatemala hoy, sábado 26 de agosto de 2017, en Ciudad de Guatemala (Guatemala) /EFE

Mundo por ACAN-EFE,

Nostálgica e ilusionada, Ana Lucía regresa a la Plaza donde germinó el 15-M guatemalteco, el despertar ciudadano que venció al miedo de una represión endémica y arraigada para alzar la voz contra la corrupción y la impunidad. Hoy vuelve como eco de un viento de cambio. El viento de los indignados.

“Hace dos años todos salimos a la calle. Fue una avalancha. Todos nos unimos. Hoy volvemos a unirnos en un mismo grito en la Plaza que nos vio nacer”, asegura la joven, parte de un movimiento espontáneo de la generación de la democracia, de la postguerra. Aquella que se reveló contra la imposición de no opinar y no pensar.

La fecha de quiebre de este “despertar” fue el 15 de abril de 2015, cuando se reveló uno de los mayores casos de corrupción de la historia, “La Línea”, que involucraba al entonces presidente Otto Pérez Molina y su número dos, Roxana Baldetti, ambos ahora en prisión preventiva.

Pero hoy Guatemala ha vuelto a resurgir de su letargo. Más de un millar de estudiantes, pequeños empresarios, políticos y ciudadanos anónimos se conglomeraron en la Plaza de la Constitución para decirle a su presidente, Jimmy Morales, que no lo quieren, que no lo reconocen: “Ni corrupto ni ladrón, son pajas (mentiras) del bufón”

Con mensajes de apoyo a la fiscal, Thelma Aldana, -“la justiciera”- y al abogado colombiano Iván Velásquez, titular de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig) -“el temible”, más de un millar de ciudadanos pidieron, otra vez, la renuncia de su presidente y el fin de un sistema corrupto.

“2015-2017, seguimos buscando justicia” era un de los lemas de esta protesta en la que a la población ya no solo pide dimisiones, sino reformas, al sector Justicia, a la ley electoral y de partidos políticos y al sistema en general. Para ello no dudan en pasar por encima de quien sea: “Iván y Thelma se quedan. Jimmy se va a la mierda”.

El ingenio y el arte volvió este sábado a la plaza, era como un retroceso en el tiempo pero con personajes diferentes. La imagen de un Jimmy Morales “bufón” colgada de la casa Presidencial, unos caza fantasmas para “limpiar la corrupción” y un héroe sin poderes -el afamado Kick-Ass-, colorearon las consignas.

La supuesta intención de sacar del país al comisionado colombiano de la Cicig y la petición de desafuero contra el presidente, un cómico y actor de profesión, levantaron de nuevo al movimiento ciudadano.

En 2015, Guatemala fue un ejemplo mundial de las protestas del siglo XXI. Marchas pacíficas, creativas, descentralizadas, convocadas por redes sociales y promovidas por ciudadanos dispares para repensar la forma hacer la política e insistir en la necesidad de una transformación social. La reforma moral del siglo XXI.

Decían, y siguen diciendo, que este movimiento no responde a una ideología ni de derechas ni de izquierdas, que son expresiones genuinas del ser humano que están unidas por un pensar común: repensar la democracia para ser sujetos de decisión con una revolución pacífica desde una de las regiones más violentas del mundo.

Los guatemaltecos han vuelto este sábado a hacer sonar los gritos de cambio que parecían haberse callado. Se resisten a ceder. Saben que el país aún no ha cambiado pero que ellos sí. Buscan que lo viejo termine de morir y lo nuevo termine de nacer. Son “la primavera árabe” guatemalteca.


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