Pero las horas pasaban y las filas no avanzaban debido a los problemas causados por el nuevo sistema de identificación biométrica implantado por la comisión electoral, que ralentizó notablemente la votación. / AFP
Pero las horas pasaban y las filas no avanzaban debido a los problemas causados por el nuevo sistema de identificación biométrica implantado por la comisión electoral, que ralentizó notablemente la votación. / AFP

Mundo por EFE,

Ejercer el derecho al voto hoy en Kenia fue una odisea para los 19,6 de millones ciudadanos registrados, que desde antes del amanecer empezaron a amontonarse delante de los colegios electorales desafiando el frío y la llovizna matinal envueltos con mantas masais.

“Todos rezamos para que haya paz y que el perdedor, sea quien sea, acepte los resultados”, dice Amina, quien no se rinde a pesar de llevar siete horas en una fila del barrio chabolista de Kibera para depositar su papeleta: “Son unas elecciones importantes. Tengo que votar”.

Pero las horas pasaban y las filas no avanzaban debido a los problemas causados por el nuevo sistema de identificación biométrica implantado por la comisión electoral, que ralentizó notablemente la votación.

Pese al descontento generalizado, todos esperaron sin perder la calma porque lo más importante hoy era decidir el futuro del país.

“Me hubiera gustado tener a otros candidatos. Los dos (el presidente Uhuru Kenyatta y el opositor Raila Odinga) llevan mucho tiempo en las política y son corruptos”, critica a Efe Amina.

En medio de las acusaciones previas de amaño electoral realizadas por la oposición, esta votante asegura que la población teme una manipulación por ambos lados, tanto por el partido gubernamental como por la oposición.

Para ella, el problema de fondo está claro: “A Kenia no le importa la política, solo la tribu a la que perteneces. Por eso les costará aceptar una derrota”.

Las diferencias tribales, que parecía estar superadas, se han reavivado durante la campaña electoral y han encendido la alarma ante la posibilidad de que se repitan los episodios de violencia postelectoral de 2007, cuando 1.100 personas murieron y 600.000 se vieron obligadas a abandonar sus hogares.

Aunque todos confían en que Kenia haya aprendido de los errores del pasado, el temor a que los resultados desaten enfrentamientos entre kikuyus (tribu de Kenyatta) y lúos (tribu de Odinga) está presente en la mente de los votantes.

Tampoco ayuda que ninguno de los dos candidatos haya querido firmar un acuerdo para respetar los resultados.

/ AFP

“La jornada de hoy está siendo tranquila. A ver qué pasa cuando se anuncien los resultados. Ese será el momento más crítico de estos comicios”, reconoce a Efe Adbullahi Boru, observador internacional en Kibera, donde viven cerca de un millón de personas.

Todos temen que ninguno de los líderes acepte la derrota y que provoquen a sus seguidores con discursos incendiarios como algunos realizados durante la campaña electoral.

Tras votar en Kibera, feudo de la oposición, Odinga afirmó que solo tiene un discurso preparado: el de la victoria. El candidato fue aclamado como una estrella de rock por centenares de personas enloquecidas.

Tampoco el presidente keniano dudó de su reelección tras depositar su papeleta en un centro de Gatundu, a unos 50 kilómetros de Nairobi.

“A mi me da igual quien gane. Solo quiero que haya paz”, confiesa a Efe Nancy, residente de Kiamburu que vota en un colegio electoral del centro de Nairobi, donde las urnas están dispuestas en el suelo, al aire libre y protegidas por un par de miembros de la unidad paramilitar de la Policía.

Cuenta que su tío fue una de las más de mil víctimas del brote de violencia de 2007: “Le cortaron como si fuera un trozo de carne, nadie quiere que eso vuelva a pasar”, relata.

Para la mayoría de los kenianos, el siguiente paso tras votar será encerrarse en casa a la espera de ver cómo evoluciona la situación.

“Nadie quiere enfrentamientos, queremos paz”, afirma Washington, un joven votante.

Muchos comercios permanecerán cerrados los próximos días en la capital, donde sus caóticas calles están prácticamente vacías y sus habitantes ya han hecho acopio de alimentos básicos para hacer frente al peor escenario.

En medio del temor generalizado, algunos, como Thomas, optan por el humor. Ataviado con un peculiar traje hecho con hoja de plátano y con una maleta con la cara de Raila Odinga y Barack Obama, lo tiene claro: “Odinga será un buen presidente y líder como lo fue Obama”.


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por Metro Internacional