Mundo por EFE,

Las manifestaciones contra la cumbre del G20 derivaron en disturbios violentos protagonizados por grupos de la izquierda radical y antisistema, en un Hamburgo asfixiado por el cúmulo de protestas convocadas ante la cita de los líderes de las países más poderosos del mundo que se abre este viernes.

La presencia de un millar de encapuchados en el grueso de la marcha bautizada como “Welcome to Hell” -“Bienvenido al infierno”- decidió a los efectivos antidisturbios a detener la manifestación y hacer uso de cañones de agua a presión para dispersarlos.

Los primeros incidentes ocurrieron poco después de arrancar la marcha, en la que participaban unos 12.000 manifestantes que llevaban concentrados en una popular plaza del barrio de St Pauli desde primera hora de la tarde, a la espera de iniciar su recorrido e intentar llegar a 300 metros del centro de congresos donde se celebrará la cumbre.

Se produjeron los primeros lanzamientos de objetos contra los antidisturbios, que actuaron para deslindar a los grupos de violentos del resto de manifestantes, en su mayoría pacíficos

La policía informó a continuación de la quema de un automóvil y de la agresión sufrida por su portavoz, Timo Zill, hasta que poco después comenzaron los incidentes más graves, con ataques a los agentes, barricadas y la rotura de escaparates y mobiliario urbano.

Unos 70 agentes de la policía resultaron heridos, de los cuales la mayoría -más de 60- levemente, y la situación tendió a calmarse pasada la madrugada.

Persistían, sin embargo, grupos identificables como alborotadores en los barrios de St. Pauli, Altona y la estación de metro de Sternschanzen, cercana a la casa ocupada “Rote Flora” -“Flora Roja”-, epicentro de los convocantes.

En un radio de 43 kilómetros cuadrados de casco urbano, entre el centro de congresos y los lugares donde se alojan las 36 delegaciones de la cumbre, además de las rutas previstas para sus desplazamientos, impera el veto a toda manifestación y sólo se permite el acceso a los vecinos acreditados como tales.

Manifestante quema desechos durante una manifestación en el barrio de Schanzenviertel, frente al edificio Rote Flora antes de la cumbre del G20 en Hamburgo, Alemania /EFE

“Tienen secuestrados los derechos ciudadanos por un grupo que no representa a nadie, más que al capital”, comentaba a Efe, antes de empezar la marcha, Andreas Blechschmidt, miembro del colectivo “Rote Flora”.

Al lugar marcado, a orillas del Elba, habían empezado a llegar los primeros manifestantes sobre las 14.00 GMT con pancartas recordando el “Bienvenidos al infierno” o llamando literalmente a “atacar” el G20.

“No nos contentamos con protestar contra el G20: queremos impedir que se celebre”, admitió Blechsmidt, el rostro más mediático del colectivo, que explicaba sin tapujos ante los medios nacionales o extranjeros sus objetivos.

Hasta 8.000 manifestantes dispuestos a la violencia estimaban los servicios de seguridad alemanes que podían desplazarse a Hamburgo para la cumbre, presidida por Angela Merkel y con el estadounidense Donald Trump y el ruso Vladímir Putin entre sus asistentes.

Más de 19.000 agentes forman el dispositivo policial desplegado en esta ciudad alemana para proteger la cumbre, sea de ataques terrorista o de alborotadores.

La crítica al G20 “es bienvenida” y el derecho a la libertad de expresión está garantizado, había advertido reiteradamente el ministro del Interior, Thomas de Maizière, respecto a la veintena de actos de protesta de diversa índole convocados contra la cumbre.

“Es absurdo que la única manifestación a la que se ha autorizado a llegar hasta las puertas del recinto ferial sea ‘Welcome to Hell’ y que en cambio se haya prohibido nuestra acampada”, protestaba Werner Rätz, del movimiento ATTAC, un veterano en acciones de protesta contra las citas de los poderosos.

Las autoridades habían vetado la denominada “acampada anticapitalista”, como lugar donde pernoctar en la ciudad, ante el riesgo de que se infiltraran elementos violentos.

El centro de la ciudad, de 1,7 millones de habitantes, aparecía en la víspera de la cumbre prácticamente desierta: quien podía permitírselo había optado por irse a pasar un par de días fuera.

En todo el barrio de St Pauli, el corazón combativo y rebelde de Hamburgo, solo se veía policía, manifestantes o periodistas.


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