El idioma es el mayor desafío de los estudiantes extranjeros. /André Porto/Metro
El idioma es el mayor desafío de los estudiantes extranjeros. /André Porto/Metro

Mundo por Metro Internacional,

En Brás (Sao Paulo), la Escuela Estatal Eduardo Prado es una imagen de la región en la que está inserta. En la institución, al menos el 80% de los estudiantes son hijos de inmigrantes o vienen de otro país. La mayoría tiene raíces en Bolivia.

Los datos del Departamento de Educación del Estado de Sao Paulo muestran que el total de estudiantes extranjeros crecieron un 16% en los últimos dos años (véase el gráfico). Los bolivianos son la mayoría: 4.200, entre 8.700 estudiantes de fuera del país.

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Uno de ellos es Alexander Mendoza Tibubay, de 16 años, que llegó a Sao Paulo a los seis. “Primero vino mi madre. Luego volvió a buscarme. Yo solo podía hablar ‘obrigado’ y ‘tchau’”.

Los adolescentes tienen que aprender idiomas extranjeros mientras estudian y se adaptan a un nuevo hogar después de salir de donde nacieron

Alexander nunca regresó a su país y tuvo que comenzar los estudios aquí. El lenguaje fue el mayor reto. Solo en el octavo año  se encontró con que en la ciudad había una escuela donde los bolivianos eran la mayoría.

La directora de la escuela, Marisa Tanesi, explica que debido a la gran cantidad de extranjeros, es necesario desarrollar un trabajo especial en el aula.

“Es esencial conseguir que ellos lean en casa. Para estimular la escritura, tenemos un proyecto de libro, en el que pedimos que escriban historias. También hay una alfabetizadora que trabaja con los estudiantes de forma individual”.

Este año, otras nacionalidades estaban presentes en las listas de llamada. Hay estudiantes de Bangladesh, Haití y Angola. Ahora, la escuela enfrenta a los refugiados.

Como la angoleña Divania Magdalena Gaspar, 13, que se inscribió en el octavo grado. Ella llegó a la ciudad en 2015. “Mi padre fue un político y fue asesinado. Cuando mi madre vio la situación, huyó. Mis hermanos y yo estábamos solos en Angola, y mi abuelo decidió traernos a Brasil. Yo no conozco a nadie aquí”.

En el caso de Divania, no había una barrera de idioma, pero la institución se vio en el papel de acoger a estos estudiantes extranjeros.

La directora cuenta que valorar la cultura de estos estudiantes es una estrategia para suavizar las marcas de la inmigración. “Nos dimos cuenta de que la escuela se convirtió en un punto de partida hasta para las familias para orientarse y buscar empleo, documentación.”

Para mantener la memoria cultural de estos estudiantes, la escuela también realiza una feria cultural y utiliza la propia realidad en el aula, en las clases de historia y geografía.


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