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El protagonista de “virgen a los 40” habló con metro sobre la película “Alexander”, que ya está en Nicaragua, aquí la entrevista.

¿A quién interpretas en “Alexander y un día terrible, horrible, malo… ¡Muy malo!”?
-A Ben Cooper, el patriarca, el líder. Ha estado desempleado durante un buen tiempo, así que ha asumido las funciones de padre-madre. Está a cargo del más pequeño, Cooper, y de lograr que los otros chicos estén listos para la escuela mientras su esposa continúa con su carrera profesional. Ben imagina que él debe ser un soldado cuando se trata de obstáculos. Es un tipo que intenta mantenerse positivo. Me identifiqué con el personaje porque, como papá, sientes que necesitas ser esa mano firme, una roca.

¿Estabas familiarizado con el libro antes de sumarte al elenco de la película?
-Es un clásico muy divertido. A mí me encanta, es una de esas historias clásicas realmente dulces.

¿Qué ocurre durante el transcurso de esos dos días?
-Todo y de todo. Hay días en los que no solo las cosas salen mal, sino que no hay ni siquiera una posibilidad de que algo salga bien. Y eso es lo que ocurre con esta familia. El primer día, Alexander tiene un día terrible, horrible; todos sabemos qué clase de día es ése. Y no se siente escuchado, siente que su familia no entiende el mal día que está teniendo. Entonces no puede evitar desear que todos comprendan lo que significa tener un mal día. Él no intenta maldecirlos pero, al día siguiente, todos comienzan a tener problemas.

Como padre, ¿puedes identificarte con la locura que la familia Cooper experimenta en el filme?
-Totalmente. Las cosas tienden a salir de la forma en que uno no espera. Pero siempre hay un plan de contingencia; siempre hay un respaldo. Las cosas salen mal en la vida y creo que eso es parte del encanto de este filme: todo el mundo tiene esos días. Se trata de cómo uno lucha e intenta mantener su dignidad y su sentido de familia y diversión, y esa clase de amor que es dominante entre los personajes.

¿Hubo alguna escena específica del filme que te identificara?
– La mañana del segundo día, cuando la familia despierta tarde. Mientras corre por toda la casa, Jen Garner se golpea la pierna con la puerta. Francamente, así es mi esposa. Hemos estado casados 20 años y he sido testigo de eso un par de veces. Jen tiene exactamente la misma reacción: no es precisamente rabia, sino un esfuerzo silencioso para contener el dolor, junto con la ira inherente por haber hecho algo tan estúpido. Hay una especie de autoodio que se genera en ella.

¿El elenco se sintió como una familia real?
-Es un cliché tan grande decirlo, pero así fue. Nos llevamos bien y creo que mucho de ello tuvo que ver con el director, Miguel Arteta. Hubo un real sentido de protección, todos estábamos embarcados en el mismo proyecto, deseábamos que fuera divertido, no queríamos que se sintiera como un trabajo. Hay niños y yo no quería que lo sintieran como un trabajo.

¿Cómo fue tener a Jennifer Garner como coprotagonista?
-Ella tiene una familia y es tan buena madre en la vida real que puedes ver cómo los chicos le responden. Tiene una afinidad natural con ellos. Es, obviamente, muy talentosa, pero lo que me llamó la atención fue su gran corazón. Es cálida, cariñosa, una delicia.

¿Qué te pareció el trabajo de Ed Oxenbould, Alexander en el filme, y las otras jóvenes estrellas, Dylan Minette y Kerris Dorsey?
-Ed será enormemente famoso algún día. Él es muy especial; no parecía que estaba actuando.
Dylan (Minette) y Kerris (Dorsey) son iguales. Todos los niños son muy naturales. No hay nada más extraño para mí que un chico que intenta actuar como un chico. Ellos saben cómo ser niños. Por supuesto que yo tuve problemas actuando como adulto.

¿Cómo fue el trabajo del director Miguel Arteta?
– Comandó la nave con un gran sentido de calidez natural. Es un director extraordinario, además. Tenía un grito de guerra para esta familia porque nos veía realmente como una familia. Y yo lo sentía como parte de la familia también.

¿Puedes recordar un día, en tu propia vida, que sea igual de cómico o que merecería el título de “terrible, horrible, malo, muy malo”?
-Antes de tener hijos, fuimos con Nancy a cenar con mi mejor amigo, su esposa y su bebé. Estábamos en un sitio de pizza, en Los Ángeles. Yo tenía a la bebé sobre mis hombros y estaba dando saltitos con ella cuando de repente sentí una cosa viscosa y caliente cayendo por mi cabeza, sobre mi rostro. Nunca lo olvidaré. Miré como la mamá comenzaba a reírse; esa risa de alguien que está tan cansado de criar a un recién nacido. Me alegro de haberle dado ese momento a ella, que fue tan liberador. Pude ver que estaba feliz de que, por una vez, la bebé vomitaba sobre alguien más que no fuera ella. No fue el peor día de mi vida, pero fue muy divertido.


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