35 años de carrera tiene la agrupación chilena. /Cortesía.
35 años de carrera tiene la agrupación chilena. /Cortesía.

Espectáculos, Música por Laura López/ Metro Internacional,

Los “sudamerican rockers” Claudio Narea y Miguel Tapia se amalgaman para hablar con Metro sobre su historia y lo que significa continuar vigentes.

Ustedes hicieron parte de un movimiento muy grande de rock en Latinoamérica, y siguen tocando a pesar de las pausas que han hecho en su carrera. ¿Por qué creen que las canciones de Los Prisioneros se mantienen tan vigentes y se convirtieron en clásicos?

Nosotros éramos un grupo de amigos del colegio y nos gustaba tanto la música que empezamos a aprender a tocar. Durante un tiempo casi sin instrumentos, porque era difícil conseguirlos. En un comienzo las canciones eran de amor, un poco típicas y muy poco interesantes. Luego conocimos a The Clash en el 82, más o menos, y Jorge empezó a componer canciones con contenido social.

Al escuchar esas canciones nos dimos cuenta de que tenían buena música, pero que la letra era todavía mejor. Eso hace que las canciones sean notables porque son distintas, eso fue lo que pasó.

Jorge en su momento decía que las letras eran un relleno, uno bueno. A nosotros nos cuesta creer que haya sido así, las letras son lo que le dan más peso a la canción. Era una mezcla, por un lado está la música pegajosa, como toda la que escuchas en radio. Pero son canciones que también están dirigidas a las personas, entonces hay un balance.

Ese estilo contestatario es, de cierta forma, el sello de Los Prisioneros…

Claro, es como que están dirigidas de tal forma que la gente se pregunta: “¿Me estás cantando a mí?”. Eso es lo que yo creo que pasó.

En Chile nosotros tocamos para público de nuestra edad, pero ahora tocamos para los hijos de ellos. Ahora tocamos en festivales donde todo el mundo es joven y donde incluso hay niños que nos piden autógrafos. Es loco.

¿En qué momento se dieron cuenta que se habían convertido en algo grande?

Ya en el 85, 86, porque en el 84 tocábamos todas las semanas y a finales de ese año sacamos un disco. En el 86, con Pateando piedras, ya era una cosa, un fenómeno.

Los dos discos (junto a La voz de los 80) eran los más vendidos, pero al mismo tiempo empezaron a aparecer grupos argentinos que llegaban a Chile, como Soda Stereo o Charly García. Tocábamos de igual a igual con ellos, pero ellos tenían muchos más recursos porque nosotros estábamos en dictadura, mientras que ellos sí podían llegar a la televisión y las portadas de revistas. No aparecíamos en programas grandes. Todavía no éramos los favoritos de los medios.

¿Cómo fue ese momento histórico para una banda con mensajes como los suyos?

Eran las canciones las que se enfrentaban finalmente con los medios. Nosotros tocábamos, nos enfocábamos en hacer funcionar la banda, pero había una lucha porque no nos dejaban aparecer como una banda que tenía éxito. Nuestra presencia era ignorada. Las canciones fueron las que se abrieron camino ellas solas en radio. Así finalmente se abrió el espacio y pudimos hacernos más conocidos.

Fueron ignorados por los mismos medios que después los buscaron, debió ser una ironía muy grande…

Fue una transición rápida, de hecho. Pero igual, al principio no nos tocaban y después se vieron obligados a tocarnos. Siempre hubo emisoras que nos apoyaron, aunque no eran las grandes.

Cuando despegó el fenómeno del rock en español nos empezaron a tocar. De alguna forma, siempre hemos encontrado distintos espacios, pero finalmente espacios. Y pasó algo bien importante. En Chile, en esa época solo había cassettes, no se vendían los vinilos. Todo el mundo tenía el cassette copiado de algún lado, entonces por ahí las canciones encontraron su espacio.

Hablemos de Los Prisioneros hoy en día, ahora tienen casi una marca nueva porque son Los Prisioneros Narea + Tapia, ¿cómo les ha funcionado?

Llevamos como 9 o 10 años tocando. Cuando nos juntamos de nuevo fue la noticia del día, y la semana siguiente se seguía hablando de eso. Nos empezaron a pedir y a llamar de otros lados, y dijimos, ¿por qué no? Veamos cómo lo armamos y qué hacemos. Nos repartimos las canciones y ha sido muy bueno, aunque ha tomado tiempo.

Hemos aprendido mucho de cómo tocar con la banda que tenemos. El sonido nuevo recuerda al que tenían Los Prisioneros en los 80, mejor interpretado, pero conservando el sonido salvaje. Nosotros de alguna forma mantenemos aspectos de ese sonido, pero hay cosas que han quedado en el tintero. A lo mejor en algún momento incorporemos un teclado, pero no lo hemos hecho.

En esa reinterpretación de canciones hechas hace varios años, ¿han decidido mejorarlas?

Es que en vivo es distinto, más crudo. Si nosotros quisiéramos meterlas en un nuevo disco tal vez lo pensaríamos, pero en realidad sería mejor hacer algo de ceros, algo distinto. Si una canción funcionó bien durante 15 años o 30, reeditar no nos viene a la cabeza. Las canciones hay que dejarlas como quedaron.

Uno siempre piensa que algunos discos pudieron quedar mejor grabados y tal vez mejor interpretados que hace varios años atrás. Ahora, en vivo sí hay una reinterpretación constante de las canciones, especialmente las que tienen secuencias, como Muevan las industrias.

¿Qué sigue para Los Prisioneros?

No sabemos. Ha sido una improvisación constante. No vamos a perder nuestro tiempo para agradar con canciones nuevas, las podemos hacer, pero ya veremos el contexto.


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