Foto: Cortesía
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Espectáculos, Música por Catalina Forero /Metro World News,

Al ‘Comandante’ “le sobró mucha letra para este disco”, que verá pronto la luz, y del que ya nos dio un primer indicio hace unos días cuando reveló Verdades afiladas, una canción en la que suena al Calamaro de ahora, pero también un poco al de antes, y de la que nos contó más a fondo en esta entrevista.

Con esta canción, que “va a sonar dos millones de veces”, como él mismo dijo, ‘el Salmón’ celebra cuatro décadas haciendo música, y se reescribe, una vez más, para hacernos saber que el rock en español está más vivo que nunca.

Verdades afiladas remonta un poco a sus raíces, suena bien rockero, e incluso, recuerda en parte a un disco icónico como Alta suciedad, ¿por qué en algún momento se le cruzó por la mente dejarla por fuera del disco?

–La canción está muy bien. Fue una excentricidad ofrecer una canción atractiva al sacrificio como misteriosa ofrenda.

Esta canción no solo es de esas que al oírla se queda sonando en la cabeza, sino que es el primer atisbo que tenemos de lo que será el disco. En realidad, ¿que tanto nos muestra Verdades afiladas de cómo será este nuevo trabajo?, ¿a qué quiso sonar ‘el Salmón’ en este nuevo álbum?

–Este disco suena a crema californiana, como ocurre con Verdades afiladas y el contrapunto de guitarra de Rich Hinman.

Habla de la infidelidad, del olvido, pero sobre todo de esas verdades que lastiman… ¿cuál es una de esas verdades que hubiera preferido no saber?

–Lo importante es saber a tiempo… a veces las verdades son inevitables… un día te despiertas desgarrado por el filo de una verdad constante. A cualquiera le pasa.

Durante sus sesiones de grabación en Los Ángeles, a donde volvió a hacer este ejercicio después de varios años, nos dejó saber que incluso puso el despertador para ir a grabar, como nunca lo había hecho antes. Con tantos discos y canciones, con los años y
la experiencia, ¿cambian los rituales?

–Intento ser un soldado al servicio de la grabación, que haya buen feedback con los músicos y todos los que hacen el disco. Ser funcional a una grabación y colaborar con soluciones e inspiración. Los rituales cambiaron porque, allá a lo lejos, practicamos muchas cosas no del todo recomendables en las grabaciones.

Contó con varios músicos importantes y talentosos, como Germán Wiedemer, Aaron Sterling, Mark Goldenberg y Rich Hinman, entre otros, en este disco, y grabaron casi todo con tomas directas, como se han hecho grandes álbumes en la historia, algo que nos hace pensar que este disco va a tener un repertorio muy rico musicalmente, ¿cómo fueron estas sesiones y cómo se notó en las canciones?

–Grabamos en cuatro días… el talento de los músicos quedó impreso en cada compás de la música del disco. Grabamos dos días con cinco músicos, el tercer día agregamos tres vientos y el último día una pequeña orquesta de cámara. Y todo resulto muy bien. Un ensamble tocando una canción es la forma fundamental de construir este sonido y este repertorio.

A la hora de componer este disco, lo hizo con un método que ha dicho, es inusual para usted: escribir primero las letras y luego ponerles la música, ¿cuál fue el resultado de haberle dado la vuelta a ese proceso y cómo se refleja letrística y musicalmente en el disco?

–Es normal escribir las letras primero, mayormente llegan música y letra al mismo tiempo. Pero no siempre ocurre, y esta vez escribimos con Germán. Tener las letras debería ser una ventaja.

Dijo que ya no habla de las mismas cosas que hace unos años… ¿de qué quiere hablarnos ahora el maestro Calamaro?
–Amistad, gratitud y respeto. Un poco de mitología propia, delirios cristianos, poesía, vivir más tiempo en el mar que en el puerto… Referencias no musicales en la poesía y en la experiencia silvestre.

Por medio de las redes sociales decidió acercarnos al proceso de este disco y ha dado en Twitter luces de lo que ha estado pasando en el estudio de grabación, de una manera muy íntima, casi como si se pudiera escudriñar allá adentro… ¿por qué decidió dejarnos entrar tan de cerca?

–Me pareció algo bonito para compartir. Que no tenía nada de malo.

La producción es de Gustavo Borner, que ha trabajado con una variedad de artistas y espectáculos que van desde Phil Collins, Séptimo Día del Cirque du Soleil, Plácido Domingo, hasta Daniela Romo, ¿cómo se siente en el disco esa influencia tan ecléctica que él trajo?

–Gustavo es un genio y eligió un diseño de producción pensando en estas canciones. Escuchó nuestras grabaciones previas y entendió que se podían grabar con esta categoría de músicos. Afortunadamente.

Desde Los Abuelos de la Nada tocando en los boliches de Palermo, Los Rodríguez sonando en las calles de Madrid, y su trayectoria como solista, han sido 40 años convirtiéndose en una pieza fundamental de la historia del rock iberoamericano, ¿qué significa eso para usted?, ¿creyó alguna vez que iba a llegar a ser un ícono?

–Esta es mi vida. Ni en mis mejores pronósticos pensaba ser ‘alguien’ en la cultura popular de mi continente. Pero me resto importancia, hay demasiados artistas buenos para considerarme realmente icónico.

¿Cómo mantener el rock vivo entre las nuevas generaciones, en estos tiempos en los que imperan otros géneros que no parecen ceder terreno?

–El rock sabe cómo mantenerse vivo… los que escuchamos rock de toda la vida lo sabemos. El rock es invencible.

Hace unos días el público pudo escuchar Verdades afiladas por primera vez, como un artista que ya está más allá del bien y del mal, ¿siente todavía nervios cada ‘primera vez’?

–Tenemos mucha confianza. Es complicado esperar un disco escuchando una canción sola, sigo siendo un ‘artista de discos’ (…). No sé si hay demasiadas expectativas o demasiado pocas.


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