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Cine y Tv, Espectáculos por EFE,

La actriz keniana Sheila Munyiva cree que ver pasear por la alfombra roja de Cannes “el encanto de mujeres negras”, como ella y sus compañeras de la película “Rafiki”, una historia de amor lésbica prohibida en Kenia, fue empoderante.

“El orgullo que supone ver la representación negra en la alfombra roja es enorme”, explica la actriz, con la emoción de ese momento aún en los ojos, a pesar de que ya han pasado algunas semanas desde la clausura del Festival de Cannes, donde competía “Rafiki”, una película de la directora keniana Wanuri Kahiu, en la categoría de Una Cierta Mirada.

Aunque la película que protagoniza Munyiva junto a Samantha Mugatsia no ha ganado ningún galardón, pasará a la historia por ser el primer filme keniano en ser exhibido en Cannes.

Pero lamentablemente la película también ganó popularidad porque mientras era admirada y alabada por la mismísima Cate Blanchett, como admite Munyiva, “Rafiki” (“Amiga”, en suajili) no se puede ver en su país de origen.

A finales de abril, el Consejo de Clasificación de películas de Kenia (KFCB, en sus siglas inglesas) decidió “restringir” la exhibición, difusión y venta de la película en el país africano “por su contenido homosexual” y porque “claramente intenta promover el lesbianismo en Kenia, contrario a la ley”.

Pero Munyiva se muestra optimista y cree que tarde o temprano la película, que está pensada para la sociedad keniana, se podrá ver en su país.

“Cuando la película se exhiba, la gente va a ver su belleza y por qué llegó a Cannes”, asegura la actriz keniana.

“Lo mejor -continúa- es que el debate ha comenzado con el tráiler, y creo que la película quizás no ha cambiado la forma de pensar de la gente, pero ha desatado su curiosidad”.

La homosexualidad (y la bisexualidad, la transexualidad, y toda relación no heterosexual) supone un vacío legal en Kenia, ya que no es ilegal que una persona se identifique como gay o lesbiana, pero sí lo es “el conocimiento carnal contra natura”.

Lo cual quiere decir que los actos sexuales entre personas del mismo sexo son ilegales, pero para demostrarlo, “supone que tienen que entrar en tu casa, invadir tu privacidad y demostrar que has tenido un conocimiento carnal contra natura”, como la misma Munyiva explica.

Actualmente, dos grupos LGTBI del país han llevado ante los juzgados este artículo de la Constitución para que se descriminalicen los actos sexuales entre personas homosexuales.

“Creo que nuestro país va por el buen camino, que es el de la libertad de expresarse y que todo el mundo sea libre de amar”, asevera la actriz, aunque reconoce que “fuera están a años luz de nosotros”. “No estamos ahí, pero al menos se habla del tema”, dice.

Ella misma tuvo dudas cuando le llamaron para decirle que había conseguido el papel porque era el primero que aceptaba y no sabía si después la iban a encasillar.

“Me mandaron el guión, lo leí y fue lo más bonito que había leído nunca y supe que era muy importante para mí hacer la película”, cuenta la actriz.

Dice que se reconoció en sus amigos y “en tantos kenianos que se esconden porque no están a gusto siendo lo que son, porque está juzgado como algo que no está bien”.

Y a pesar de la prohibición impuesta por el KFCB y la tensión levantada en una parte de la sociedad, no se arrepiente ni avergüenza de ello.

Tampoco tiene miedo: “el peligro está ahí, pero no estoy preocupada por ello”, explica, sobre el riesgo de que la reconozcan por la calle y puedan agredirla, como les sucede a tantas personas de la comunidad LGTBI en el país.

“El mayor riesgo como actrices es caminar por la calle, porque a lo mejor alguien te reconoce y no ha visto la película, ¿cuál puede ser su reacción?”, admite.

El avance es lento, y “lamentablemente para alguna gente no es seguro vivir la vida tal como es”, pero Munyiva, con su permanente sonrisa, confía en que poco a poco la homosexualidad en Kenia se va aceptando.


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