cortesía del Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica (INCH).
cortesía del Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica (INCH).

Espectáculos por EFE,

El Instituto Nicaragüense de Cultura (INC) rindió ayer un homenaje póstumo al primer bailarín clásico de Nicaragua, Heriberto Mercado, quien falleció el sábado a los 83 años.

El homenaje se realizó en el Salón de los Cristales del Teatro Nacional Rubén Darío. El director del INC, Luis Morales, calificó la muerte de Mercado como “una pérdida irreparable”.

Mercado fue uno de los maestros de baile más destacados de Nicaragua, especialmente de danza clásica, moderna y flamenco. En 1960 Mercado fue reconocido oficialmente como “Primer bailarín clásico de Nicaragua” y desde entonces se le conoció como “maestro”.

A Mercado también se le atribuye el rescate de la “Danza de los Gitanos”, un baile folclórico de la época colonial que refleja la actividad comercial gitana.

Mercado fue uno de los maestros de baile más destacados de Nicaragua, especialmente de danza clásica, moderna y flamenco

Como parte de los honores, una artista bailó la danza del flamenco en el Salón de los Cristales. Originario del municipio de Masatepe, Mercado se estableció en Diriamba, donde fue sepultado.

Pasó los últimos días de su vida en el hospital de Jinotepe, a donde había llegado afectado por un derrame cerebral, pero su situación desmejoró hasta que el “maestro” se rindió a la muerte.
/ Imagen de referencia-Getty Images

Mercado pasó los últimos días de su vida en el Hospital de Jinotepe, a donde había llegado afectado por un derrame cerebral, pero su situación desmejoró hasta que el maestro se rindió a la muerte.

Heriberto Mercado estudió siete años en Bellas Artes, y “estando en el ballet clásico llegaron varias personas que conformaban la Confederación de Folclor Centroamericano, y me invitaron a fundar el ballet de turismo. Además de que fue una buena experiencia profesional, la recuerdo porque me hacía revivir la astucia del Güegüense, porque estas personas eran comerciantes, llevaban el ballet a otros países de Centroamérica y traían los cajones con mercaderías de contrabando”.

Luego apareció Soledad Fernández para invitarlo a fundar la Escuela de Ballet de Masaya, cuatro años después, Nidia López de Prego lo buscó para crear la Compañía de Ballet del Colegio Francés de Granada, y posteriormente fue esparciendo la semilla del baile por Jinotega, Matagalpa, Rivas, Masatepe, Diriamba y Jinotepe.

 

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Su vida profesional era envidiable. En 1971 bailó con Dame Margot Fonteyn, la primera bailarina del mundo y primera dama de Panamá.

“Dame Margot organizó un casting que duró seis horas. Yo no iba a participar, sino que llegué con mis mallas rotas, con la ansiedad de ver de cerca a la mejor bailarina del mundo. Sin embargo, ante la presencia de un fotógrafo, cerraron las puertas y me quedé adentro. El casting inició, y, al final Fonteyn eligió a Marlene Ibarra y a mí de entre todos los maestros de la danza que estaban participando”, compartió hace varios años en una entrevista .

En 1973 recibió una beca por parte del Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica para estudiar flamenco en España, y el 1 de mayo de 1974, con la Escuela “Coro y danza sindical de descanso”, bailó ante el Rey Juan Carlos.

A pesar de tanto éxito aparente, cuando llegó la Revolución, hizo un ‘break’, y cayó precipitado en los abismos que todos los seres humanos albergamos, y sucumbió ante la depresión.

/ Imagen de referencia-Getty Images

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Esta situación lo llevó a abandonar la danza, y tomó sus diplomas y reconocimientos para convertirlos en cenizas mediante la combustión, que más que química, era de sentimientos.

Tras diez años refugiado en su casa y divorciado de los escenarios, llegó a su vida Ariel Ordeñana, un bailarín de la compañía de Vivian Pellas, para invitarlo a que fuera profesor de esta escuela.

“Ese fue mi renacer. Luego doña Eva Córdoba me llamó para trabajar en la Universidad Americana, donde tuve la dicha de trabajar con Alberto Maravilla. Y ahora Emilia Torres puso en mis manos la Casa de Cultura de Diriamba, de la que quiero hacer un templo para todos los artistas”, dijo en una entrevista.

Con los ojos brillando por la ilusión de alcanzar su meta, expresó que su sueño dorado, sin ayuda de nadie, es lograr con el trabajo voluntario de todos los profesores que imparten clases en ese sitio, convertirlo en la plataforma de proyección y divulgación del quehacer cultural de Carazo.


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