La presentación de “El Lobo y el Santo” tuvo un gran recibimiento del público. / Henry Padilla
La presentación de “El Lobo y el Santo” tuvo un gran recibimiento del público. / Henry Padilla

Espectáculos, Música por Keysi García,

La noche del miércoles se estrenó a nivel mundial “El Lobo y el Santo”, la primera ópera nicaragüense puesta en escena y basada en un poema de Rubén Darío, compuesta por el artista nacional Mario Rocha, quien vestido de negro profundo dio voz a ese lobo feroz de la obra lírica durante el show.

Tres solistas y un coro de aldeanos hicieron resonar las notas más agudas del canto de ópera en el Teatro Nacional Rubén Darío, incorporando baile y teatro para revivir cada verso del poema “Los motivos del lobo”, de la autoría del príncipe de las letras castellanas.

El personaje, interpretado por Rocha, desbordó la furia que se aprecia en el poema dariano, que en la historia original es convencido por el religioso y logra reconciliarse con los aldeanos en la trama de la obra dejando de un lado su actitud feroz, pero cuando el Santo se ausenta y vuelve a ser tratado con desprecio por los demás, despliega nuevamente su ferocidad en el desenlace del show.

Con esta creación lírica, que aportó al arte universal, se fusionó tanto la belleza del género europeo como la riqueza de la cultura nicaragüense, y se marcó también un precedente en el arte nacional y extranjero, por ser el primer poema de Darío llevado al escenario de la ópera.

Presentación especial

Un juego de coloridos vestuarios, danzas y cantos por cada uno de los alumnos de Fundación Incanto, al son de la música interpretada por la Orquesta Nacional de Nicaragua, transportaron a los espectadores al pequeño pueblo donde estaba San Francisco de Asís.

El Santo, interpretado por el tenor José Luis Leytón, representó el símbolo de espiritualidad y amor con potente voz que elevó plegarias para concebir la paz entre los humanos y la naturaleza.

La obra se dividió en dos actos e incorporó nuevas expresiones del lobo e incorporó la personificación de la conciencia del pueblo: una aldeana, una joven de impetuosa voz que aparecía en los momentos más trascendentales, como cuando el temor invadió a los pobladores o cuando se dieron cuenta que habían obrado mal.

Los artistas también estuvieron acompañados por bailarines de la Compañía de Danza Elving Vanegas y la Escuela de Arte Leonel Rugama, quienes agregaron realismo a las escenas de la obra.

Amor a la naturaleza

Al igual que en el poema “Los motivos del lobo”, inspirado en uno de los capítulos del libro “Las Florecillas de San Francisco”, la ópera estaba impregnada de mensajes motivacionales para el cuido y buen trato al medioambiente.

El autor destacó que ambos personajes principales significan la unidad entre el ser humano y la naturaleza. “Dependiendo del trato que él (el lobo) reciba, así será su respuesta para con nosotros”, haciendo conciencia acerca de los efectos negativos que provoca el uso irracional de los recursos.


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