/Alejandro Sánchez
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Espectáculos, Música por Javier Poveda,

La Sala Mayor del Teatro Nacional Rubén Darío recibió el martes por primera vez al compositor argentino Fito Páez, quien se presentó muy animado ante sus fans.

El cantautor argentino compartió, durante el concierto organizado por TN8 Musical, con los asistentes divertidas anécdotas que hay tras varias de sus canciones. Risas y aplausos formaron parte de la noche, pero también flashes.

Paéz ya había interpretó temas como “La rueda mágica”, “Recuerdos que no voy a olvidar”, “Te amo”, “Yo te amé en Nicaragua”, entre otros, pero como es de esperarse en un concierto donde no se necesita una banda detrás, como lo hizo Fito, es permitido improvisar. Así lo hizo con varias canciones y fue entonces cuando decidió hacer una pausa con su piano (con el que, según dijo en una entrevista previa a Metro, se crean climas muy hermosos y cercanos). Quiso cantar acapella.

Fito gesticulaba hacia el público, mientras interpretaba “Yo vengo a ofrecer mi corazón”. Hacía señas y nada. Le incomodó los celulares alzados, con flashes, grabando su presentación. El músico detuvo su canto y le pidió a un grupo de “fans” apagar el flash, bajar el teléfono y disfrutar del concierto. El argentino expresó que por la necesidad de registrarlo todo las personas no se permiten a sí mismos vivir el momento. Su mensaje fue aprobado con una lluvia de aplausos, de un público que en reiteradas ocasiones mostró admiración y respeto de pie.

“Es bonito conectarse con la intimidad”, dijo luego el artista. Después del “jalón de oreja”, Páez invitó a los asistentes sacar los teléfonos e iluminar la sala, así el público se dispuso a disfrutar éxitos como “Mariposa tecnicolor”, “Y dale alegría a mi corazón”, “Te recuerdo Amanda” (de Víctor Jara) y “Al lado del camino”, sin duda un tema infaltable dentro de su  repertorio.
Fueron casi dos horas de espectáculo, un aproximado de 19 canciones y varias almas satisfechas.


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