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Especiales por LUZ LANCHEROS MWN,

Colombia ha padecido, desde su independencia, más de dos siglos de guerra civil continua. Un conflicto armado que se recrudeció en los últimos años de este siglo. Masacres, atentados, bombas, tierras expoliadas. Esto provocó que el país cafetero ostente el infame título de ser la nación con mayor número de personas con desplazamiento forzoso en el mundo, por encima de Siria: según la ONU, son 6,9 millones de personas en esta situación. Personas que tenían vidas sencillas fueron forzadas a dejarlo todo por culpa de los guerrilleros o los paramilitares.

Este fue el caso de Luz Cleiner Cabadías y su familia, quienes tuvieron que irse de Bojayá, pueblo del Chocó, que siempre será recordado por la terrible masacre que se produjo el 2 de mayo de 2002 en pleno enfrentamiento entre las FARC y los paramilitares. 119 personas que se refugiaron en la iglesia del pueblo murieron luego de que la guerrilla lanzara una pipeta de gas que explotó en su interior. Por fortuna, Cleiner y sus parientes abandonaron el pueblo previamente a lo ocurrido y cargaron las pocas pertenencias que tenían para huir. Cleiner en esos momentos solo tenía 13 años.

2005 Cleiner registró su marca y la hizo formal ante la industria.

Hoy en día ella tiene su propia marca y ha sido reconocida en la Bogotá Fashion Week por las creaciones que aluden a su identidad y a sus raíces, llenas de colorido y tradición. También aspira a ir a la Semana de la moda de Milán en febrero del próximo año. Metro habló con ella acerca de su trabajo e historia de vida.

¿Por qué te interesaste en la moda?
— Cuando llegamos a Quibdó, debido al desplazamiento forzado, mi familia buscó alternativas para sobrevivir en una ciudad a la que no perte-necía. Toda la vida habíamos vivido en una finca y lo único que mis padres sabían hacer era cultivar alimentos, aunque mi madre siempre tuvo una máquina de coser en la casa y nos hacía vestidos a todos. Yo la veía coser desde que tuve uso de razón y la costura fue la alternativa que usamos para poder sobrevivir. Pero luego llegué a un punto en el que esto ya no era impuesto. Comencé a darme cuenta de que este arte me hacía feliz y yo lo hacía con mucho amor y pasión. Así, comencé a crear vestidos para mis compañeras del colegio y a sus madres, así comenzó a regarse la voz. Yo ya tenía 15 años y soñaba con estudiar diseño de moda.

¿ Cómo desarrollaste esta pasión?
— El mejor pago era ver la sonrisa de mis clientes, luego que tomaba un pedazo de tela y lo convertía en una prenda hermosa. Yo exploté mi pasión pintando los bocetos y desarrollando los patrones y todo lo que tiene que ver con la industria de la moda. Todo me sale con mucha naturalidad, a pesar de no tener estudios profesionales en moda, debido a que en el Chocó ninguna universidad tiene esta carrera.

Cuéntanos cómo viviste el conflicto armado y cómo pudiste salir adelante
— Los primeros desplazamientos y abusos por parte de los distintos grupos al margen de la ley ya venían sucediendo. Ya veíamos muertos, solo que lo del 2 de mayo pasó con muchas personas juntas y por eso impactó tanto. Ahora, como víctimas no hemos tenido reparación. La finca y todo lo que tuvimos un día se perdió y nadie respondió por eso. Mis padres fallecieron con la esperanza de que el Estado lo hiciera, pero hasta hoy estamos esperando que suceda esto. Por otro lado, sanar fue difícil y cruel: las pesadill-as me perseguían en todo momento, pero mi familia me apoyó. Mi madre siempre me dio fuerza y ánimo para poder resistir: todos los días nos decía que debíamos estudiar, sonreír y no pensar en nada de lo que sucedió. Que debíamos ser unas personas de bien.

Por otro lado, la moda también fue nuestra terapia. Nos dejamos envolver en este arte tan hermoso, que a lo último no había tiempo para volver a esos malos recuerdos de una guerra con la que no teníamos nada que ver, pero que nos absorbió sin darnos cuenta.

¿Cómo ha sido tu proceso creativo?
— Se trata de rescatar y conservar mi origen. Tomamos fotos de nuestra flora y fauna y pintamos sobre las telas dándole un sello de originalidad. Luego comencé a reflejar lo que yo era en la ropa: yo vengo de una mezcla de etnias que son negro, blanco e indígena. Hicimos una fusión y comenzamos a plasmar las molas (arte textil) de los indios Kunas asentados en Unguía (Chocó).

Te hemos visto en Bogotá Fashion Week y prontamente en Milán…
— En Bogotá Fashion Week tuvimos una pasarela que se llamó “Somos Color”, organizada por Henkel y la Unidad de Reparación de Víctimas. Mi pasarela se llamó “Visos y Colores Kunas”. Para Milán, en cambio, tenía la propuesta para septiembre, pero por falta de apoyo económico lo tuve que posponer para febrero del próximo año. Tengo fe en Dios que conseguiremos el patrocinador que nos hace falta para poder mostrar la belleza cultural que tiene Colombia en el exterior.

¿Crees que la moda ayuda a cambiar al mundo?
— Es linda y amplia, porque se mueven muchas cadenas y roles. Crea empleo. Cuando alguien luce algo nuevo se siente feliz, bello. Además, el artista que crea no piensa en nada más que no tenga relación con la moda y con lo que hace. Se siente feliz y enamorado de lo que hace y transmite y así no tiene tiempo para malos pensamientos.


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