Andrea Vargas se bañó de oro en los 100 metros con vallas. AFP/Metro
Andrea Vargas se bañó de oro en los 100 metros con vallas. AFP/Metro

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Andrea Vargas toma la delantera. Corre y salta las vallas con precisión, abriéndose paso entre las demás competidoras. Nada la desenfoca ni siquiera el bullicio, a veces ensordecedor del público.

La costarricense Vargas supera el último obstáculo y entre ella y la meta quedan unos pocos metros, los que recorre a máxima velocidad, resistiendo el empuje final del resto de competidoras.

Atraviesa la meta y rompe a llorar. El cronómetro marca 12.82 segundos. La gente en el Estadio Olímpico de Lima, la ovaciona.

Cinco atletas de diferentes nacionalidades hablan sobre todo el sacrificio que implica ganar medalla de oro en los Juegos Panamericanos

Ella solo piensa en su niña de 4 años, a quien poco ha consentido en los últimos meses, porque ha tenido que entrenar días enteros para ahora ser la medallista de oro en los 100 metros con vallas de los Juegos Panamericanos Lima 2019.

“Lloro porque me emociona esta victoria, pero, sobre todo, porque para conseguirla tuve que sufrir el hecho de no pasar el tiempo necesario con mi hija. No disfrutar de ella por mucho tiempo es parte del precio que tuve que pagar para conquistar esta medalla”, cuenta Andrea, mientras acaricia sin parar su presea dorada.

Ganar medallas de oro no es algo nuevo para la costarricense. Lo hizo en los Juegos Centroamericanos Managua 2017 y en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, Barranquilla 2018.

El cubano Juan Miguel Echevarría realizó un salto de 8.27 metros. AFP/Metro

Andrea Vargas no era favorita para imponerse en la carrera de 100 metros con vallas.

Es más, sus registros no figuraban entre los tres primeros del ranking.

“Pero me preparé al máximo, como debe ser cuando se va a competir en un torneo como estos Juegos Panamericanos. Entrené todos los días, haciendo una sesión por la mañana y otra por la tarde. Fue muy duro, a veces estaba entrenando y en mi mente pensaba en cómo estaba mi niña (Avril Jiménez Vargas)”, narra la también licenciada en derecho y quien entrena con su mamá, Dixiana Mena.

22 años tiene el chileno Gabriel Kehr, medallista de oro en Lima 2019

“Es complicado ganar una medalla, porque es un proceso muy largo. La carrera es solo el cierre de toda una cadena de esfuerzos, que incluye dejar a tu familia, largas jornadas de preparación, cuidar el tema de la alimentación y hasta la salud sicológica. Se requiere de mucha responsabilidad para lidiar con todos esos aspectos”, comenta Vargas, que se inició en el atletismo a los 8 años y ahora, a los 21, ya piensa en su participación en los Juegos Olímpicos Tokio-2020.

Lo más duro: “Dejar a mi niña”
Una historia similar a la de Andrea Vargas es la del chileno Gabriel Kehr, quien a sus 22 años se agenció la medalla de oro en lanzamiento de martillo, un logro tras el cual también está el tema de la separación familiar y el de las arduas jornadas de entrenamiento.

Esta medalla se la dedico a mi hija, a quien poco he podido disfrutar desde que nació hace 10 meses. El asunto es que para este evento he entrenado a tiempo completo desde hace 8 meses y varias de las concentraciones han sido fuera del país, así que la he cargado en mis brazos poco tiempo. Ha sido muy duro dejar a mi niña, pero ahora gozo la recompensa de ese sacrificio”, manifiesta el corpulento atleta.

De acuerdo con Gabriel, sus jornadas de entrenamiento previo a los Juegos Panamericanos eran de siete a ocho horas todos los días.

“De 10:00 de la mañana a 1:00 de la tarde practicábamos nuestra técnica de lanzamiento y de las 2:00 de la tarde a las 9:00 de la noche, hacíamos ejercicios especiales, levantamiento de pesas y salíamos a correr. Eran jornadas muy intensas, un sacrificio que considero pocos están dispuestos a realizar”, refiere el atleta chileno, cuyo próximo objetivo es disputar la medalla en el Campeonato Mundial de lanzamiento de martillo.

Dos jóvenes promesas
Adriana Díaz es de Puerto Rico y apenas tiene 18 años, aunque ha ganado todo en el tenis de mesa, incluyendo la medalla de oro en individual femenino de los Juegos Panamericanos Lima 2019 y la clasificación a los Juegos Olímpicos Tokio-2020.

“He tenido muchos logros porque mi sacrificio ha sido grande. Hay ocasiones en las que uno piensa si valdrá la pena esforzarse tanto, porque hay que entrenar mucho tiempo y realizar constantes viajes que me hacen estar bastantes días alejada de mi familia, es más la mayoría de mis cumpleaños los he pasado fuera de mi casa”, cuenta la atleta, quien es entrenada por su papá, Bladimir Díaz.

Adriana, quien junto con su hermana, Melanie, también ganó la medalla de oro en la modalidad por pareja en Lima 2019, asegura que para sobresalir en torneos de gran exigencia entrena todos los días entre cinco y seis horas.

“Eso implica que me pierda de actividades propias de mi edad, como salir con mis amigos e incluso la escuela”, refiere la medallista panamericana, para quien el entrenamiento físico es tan importante como el mental, porque “la mente ordena y el cuerpo hace”.

“Yo también soy su entrenador y más que a nadie me consta el sacrificio que ella hace para tener estos resultados. La medalla dorada es el fruto de horas y horas de intenso entrenamiento, de renunciar a las actividades familiares y con sus amigos, de levantarse de madrugada, de dividir el tiempo entre los estudios y la preparación deportiva, además de privarse del entretenimiento propio de una joven de su edad. La he visto caer rendida de cansancio tras un entrenamiento y en ocasiones me ha tocado motivarla para que no renuncie. Hoy estamos viendo los resultados de tanto esfuerzo”, dice Bladimir Díaz, el papá de Adriana.

Por su lado, el cubano Juan Miguel Echevarría, de 20 años, es otro joven que sabe lo que significa ganar una medalla de oro en los Juegos Panamericanos Lima 2019 y, por lo tanto, también conoce el sacrificio que debe hacer.

Echevarría ganó la presea dorada en salto de longitud, con un registro de 8.27 metros en su cuarto intento.

“Esta medalla que hoy guinda de mi cuello no es más que el cierre de un proceso que a veces fue doloroso. Trabajé mucho bajo el sol y la lluvia, nunca me importó la circunstancia. Eso sí, hubo momentos en los que por la exigencia de la preparación sentí ganas de ya no seguir más, pero el deseo de darle una alegría a mi familia y a mi país me impulsaba a seguir, aun cuando sentía que mi cuerpo ya lo había dado todo”, expresa quien es considerado uno de los grandes valores jóvenes del atletismo cubano.

“Es triste dejar a mi madre sola”
El nombre de Anthony Zambrano, un corredor de 21 años, pisó fuerte en la pista de atletismo del Estadio Olímpico de Lima, porque ganó medalla de oro en los 400 metros planos y en el relevo 4×400, como parte del equipo colombiano.

“Entrené duro para estos Juegos, fueron más de 6 meses de preparación, con dobles jornadas de entrenamiento cada día, eran aproximadamente de seis a ocho horas muy agotadoras. Durante ese tiempo tuve que renunciar a todo aquello que no tuviera relacionado a mi adiestramiento físico y mental, porque no quería descuidarme de cara a una competencia de tan gran nivel”, cuenta Zambrano, quien “no se arrepiente” de todo aquello a lo que desistió mientras se preparaba para competir.


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